Primero jeepeo, luego existo

Jeepear ya debe ser una palabra oficial en el diccionario de la Real Academia de Lengua Española

POR: Redacción el Lun, 05 de Noviembre de 2018, 03:33 pm

Una experiencia 4x4 en uno de los vehículos más capaces en la industria automotriz
Redacción

Redacción | Colaborador

Amamos los autos por eso nos adentramos en su mundo.

Por Juan Carlos Vargas 

 

Cuando se te mete a la cabeza la idea de tener un Jeep… ¡estás en problemas! Te conviertes en uno de esos tipos raros que saturan su celular con fotos de un Willys, un Renegado, el Wrangler, pasando por el Rubicón, el Sahara y todo lo que suene y huela a 4x4.

 

Te aprendes los mandamientos de los jeeperos, como aquél que reza: “Si tu Jeep no quieres salar, un buen nombre le debes dar”.

 

Foto: Salomón Ramírez

 

Entonces comienzas a buscar el apodo que refleje la personalidad de tu monstruo: Bandido, Chapulín, Colorada, Ufemio, Canario, Perla Negra, Prieto, Jeepeto o Hulk, entre muchas otras opciones interminables, según tu imaginación y memoria te alcance. Y le pones calcomanías, faros, tubos, llantotas, winch, canastilla, snorkel, franjas de colores, mejoras la suspensión para que ningún obstáculo lo detenga y no le tema al agua, lodo y rocas, en fin, todo lo necesario para que tu todoterreno sea único.

 

Me explicaré. En un Jeep cada golpe, rayón o abolladura son orgullosas marcas de guerra. Un vehículo será considerado viejo, cinco años después de salir de la agencia. Mientras que un Jeep, con el paso de los años, se convierte en una leyenda.

 

Foto: Salomón Ramírez

 

Además, se dice que un Jeep no es sólo un vehículo, sino todo un estilo de vida. Trepado en él, se aprende a atravesar ríos, superar rocas, recorrer desiertos, pisar terrenos donde otros se hacen chiquitos, básicamente enfrentar lo que la naturaleza te ponga frente al camino.

 

 

Un Jeep es para llevarlo a explorar terrenos sinuosos, no para ir al súper. Significa regresar a la ciudad con las llantas sucias y la carrocería maquillada con lodo.

 

Foto: Salomón Ramírez

 

Llenarlo de mochilas, sombreros, lentes de sol, herramientas, garrafones, tiendas de campaña, sleeping bags, hielera, niños, perros, un mapa (hoy GPS) y, ¡vámonos a donde apunte la chancla!.

 

Como el viaje que recientemente hicimos a Amacuzac, en el estado de Morelos, en el que aprovechamos la invitación de los amigos de Atracción para cumplir el sueño de treparnos (no hay otro verbo) al Wrangler Unlimited Rubicon 2019 lleno de accesorios Mopar.

 

Foto: Salomón Ramírez

 

Un monstruo color demonio que el amigo Juan Bosco (Bosco´s Camp) sumergió en el río sin ahogarlo en el intento. Nuestro sherpa todoterreno despertó al Jeep, nos mostró de qué está hecho, lo subió a las rocas, mientras los que íbamos en las entrañas de la bestia teníamos la adrenalina a flor de piel.

 

Ahora sé de qué es capaz un Jeep y que existen grupos o manadas para todos aquellos que tienen uno y desean aventurar en caravana. También aprendí que… “al octavo día, Dios creó el Jeep”.

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Aclaración:
El contenido mostrado es responsabilidad del autor y refleja su punto de vista, mas no la ideología de jediteam.mx

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