La versión convertible del Mercedes-Benz SLS desnuda sus encantos

POR: Los Editores el Mar, 29 de Mayo de 2012, 04:06 pm

Lejos de la sombra de McLaren, Mercedes-Benz cargó todas sus baterías y de la mano de su división AMG creó uno de los convertibles más hermosos de la historia, inspirado en la leyenda del legendario Alas de gaviota.
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Mercedes-Benz ha demostrado que es posible volar sin alas. Digno del Olimpo, su SLS AMG Roadster fascina con su sola figura, y a quien tenga la oportunidad de abordarlo lo llevará directo y sin escalas al éxtasis, dejando en sus sentidos un sabor difícil de olvidar.

 

Como en poquísimas ocasiones, aquí los números están única y exclusivamente al servicio de la experiencia de vincularse con este vehículo, pero con sólo escucharlos dan escalofríos.

 

La marca presume el V8 atmosférico de serie más potente del mundo, un 6.3 litros capaz de desarrollar 571 caballos de fuerza, que a la menor provocación te impulsa cual despegue espacial, gracias, en parte, a la tecnología que incorpora cuatro árboles de levas continuamente adaptables para mejorar significativamente la apertura de las válvulas, de acuerdo a las demandas de conducción.

 

Aunque, ya encarrerados lo que más nos sorprendió fueron las 479.4 libras pie de torque, mismas que sobre los 250 kilómetros por hora siguen empujando como si, en lugar de una frenética carrera por ir un kilómetro más rápido, estuviéramos en un domingo de verano.

 

La experiencia fue completa. El sol apenas asomaba  aquel sábado por la mañana y una comitiva ya había arribado a mi casa. Enviaron un mensaje a mi teléfono móvil para avisar que ya habían llegado y unos minutos más tarde tocaron a la puerta. Al abrirla vi aquel Roadster rojo, ataviado con calcomanías de F1, tal como el peace car de la máxima categoría, con el que tengo cita los domingos de carreras.

 

Salí de la casa y pregunté cuál era el plan, a lo que respondieron -Usted lo hace. Escolta incluida, salté al asiento del conductor y de inmediato comencé a familiarizarme con el habitáculo, una auténtica cabina espacial, con botones por todos lados e indicadores a los que sólo les falta medir la velocidad del viento. No me tomó más de dos minutos encontrar todo lo que necesitaba y con las llaves en la bolsa apreté el botón de encendido.

 

Los 6.3 litros no son broma, la sinfonía que toca el motor cuando lo enciendes es digna de grabarse en estéreo. Tratando de reponerme de la primera impresión, y antes mover la palanca de velocidades, eché un segundo vistazo, fue en ese momento cuando me percaté que un par de minitorres se habían elevado, era el inconfundible toque del sonido Bang&Olufsen que más tarde me sorprendería, incluso con la capota abierta.

 

Desde los primeros metros la suspensión me sorprendió, no sentí la dureza que la mayoría de los súper deportivos transfieren en la ciudad y desde los primeros metros el asiento me abrazó, cómodo y con muy buena sujeción, como si lo hubieran hecho a mi medida.

 

La piel roja que cubría todo el habitáculo me encendía los sentidos, las aplicaciones metálicas marcaban el contraste perfecto, pero poco a poco todo eso empezó a pasar a un segundo término conforme íbamos tomando velocidad.

 

No pudimos resistir la tentación y terminamos en la carretera federal que conecta a la Ciudad de México con Cuernavaca. Las cerradas curvas pusieron a prueba el agarre y equilibrio de un auto que no padeció aún a altas velocidades. Un par de rebases me permitieron comprobar que la recuperación del motor y su torque siguen acelerando aún cuando los sentidos dicen que te detengas.

 

La torsión del chasis, incluso con el auto descapotado, es digna de reconocimiento, pues le brindan un comportamiento extraordinario.

 

Los autos se abrían a nuestro paso y a pesar del imán de miradas, la de un par de federales de caminos incluidas, no detuvimos el paso. Era como tocar el cielo, sin despegar las llantas del asfalto.

 

En un suspiro estábamos frente al Club de Golf Tabachines, ya en Cuernavaca, y tras el almuerzo era hora de regresar al programa de radio. Poco más de 100 kilómetros nos separaban de Imagen y para llegar al estacionamiento del Camino Real en Polanco teníamos el tiempo justo.

 

Ajustamos el cinturón de seguridad y comenzamos a pisar el acelerador como si no hubiera mañana. Retamos todos los límites de la física, confiados en las capacidades de este súper deportivo. El motor, que un ingeniero de Mercedes-Benz tarda 180 horas en fabricar a mano, nos demostró que, incluso, las autopistas de nuestro país le quedaban pequeñas. La marca promete una velocidad máxima electrónicamente limitada de 317 kilómetros por hora, pero nuestra triste realidad es que no encontramos condiciones siquiera para imaginar alcanzarla.

 

De entre los cuatro modos a elegir: Económico, deportivo, manual y Race Start, el que más nos sorprendió fue este último, que nos hizo sentir cual arrancada de Gran Premio, pues con una transmisión de doble embrague de siete velocidades, las paletas de cambios detrás del volante son una delicia.

 

Ya en La Pera, la suspensión que utiliza el sistema de ruedas conectadas por triángulos sobrepuestos, herencia de la F1, nos hicieron ver como auténticos pilotos, y es que la gran cantidad de asistencias electrónicas y confort que brinda este auto, permiten que hasta los conductores menos experimentados disfruten del manejo de este auto, alcanzando límites que en otros vehículos serían prácticamente imposibles siquiera imaginar.

 

Paquete completo

 

Con tiempo de sobra y uno de los mejores cronos que hemos hecho sobre esa autopista, arribamos a la Ciudad de México, pasamos la caseta y circulando apenas un par de kilómetros por debajo de los 50km/h levantamos la capota.

 

La insonorización es digna de reconocimiento, pues aún con la capota abajo la marca ha hecho un trabajo extraordinario para que el habitáculo sea agradable, seguro y hasta cálido. La lona que cubre esta cabina está hecha con materiales especiales en tres capas sobre un mecanismo de magnesio, aluminio y acero.

 

El peso total del convertible es de apenas 40 kilogramos mayor que el del Coupé, los cuales se agradecen cuando se pone a prueba la rigidez y torsión de este roadster.

 

Aunque en un auto así, con tanto glamour y seducción lo de menos sean los gadgets y sistemas de seguridad, la firma ha dispuesto de todo lo necesario para hacer de éste un auto infalible y digno de deseo.

 

(Con información de Cristian Moreno)

Aclaración:
El contenido mostrado es responsabilidad del autor y refleja su punto de vista, mas no la ideología de jediteam.mx

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