Dodge i10. Espíritu citadino
POR: Mario Cañas el Sáb, 21 de Julio de 2012, 10:06 am
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Mario Cañas | Colaborador
Reportero de Atracción, suplemento de Excélsior
La Ciudad de México ofrece un abanico de lugares en los que en cada esquina puede arrancar una aventura, sólo hay que mirar alrededor para encontrar una historia, como la del policía vial tratando de hacer valer un reglamento de tránsito en una urbe en lo que la ley se construye al ganar cada kilómetro y la única regla que vale es la del tiempo, es decir, “habrán paso que llevo prisa”. En esta jungla de concreto fue turno de probar el Dodge i10.
El i10 abandonó las instalaciones del periódico en la hora tope, alrededor de las ocho de la mañana listo para demostrar de lo que estaba hecho en medio de la locura vial del Distrito Federal.
Nos enfilamos hacia Reforma con dirección a la carretera a Toluca, pero antes teníamos que sortear Chapultepec y fue justo en medio del embotellamiento en el que nos dimos cuenta que este compacto ofrece más confort de lo que nos habíamos imaginado, su diseño que está muy cercano a un minivolumen ofrece un buen espacio en las piernas y gracias a la altura de su techo da la impresión de que se trata de un auto más grande.
En cuanto a la respuesta de su motor, cuatro cilindros 1.1 litros de 66 caballos de fuerza, es bastante buena con el empuje suficiente para no quedar rezagado al arrancar en los semáforos, además de que el sonido de su propulsor y la sensación de manejo, ágil y práctica, gracias a su tracción delantera, nos hizo pensar, por momentos, que estábamos en los mandos de un auto con menores dimensiones.
Desde luego, no se puede conducir en el DF sin ir bien acompañado de música y fue entonces cuando echamos mano de su reproductor multimedia, el cual no decepcionó en lo más mínimo y, hay que reconocerlo, nos sorprendió al contar con funciones bluetooth.
Tras someterlo a los siempre carismáticos baches y hoyos que distinguen nuestro asfaltado percibimos la eficiente suspensión, tipo McPherson al frente y semi-independiente atrás, que aunque transmitía estas irregularidades a la espalda, el castigo fue menor de lo esperado.
Luego de la batalla sin cuartel con el tránsito era momento de un refrigerio y los cafés de Polanco lucían ideales para saciar el hambre.
El espacio era mínimo pero gracias a sus dimensiones logramos dejarlo entre dos enormes sedanes, para envidia de los que buscaban un lugar.
Al final de la historia el i10 lució en grande, con un rendimiento de combustible de 19.27 km/L, cuatro versiones y un precio que arranca en los 117 mil 500 pesos, este compacto está hecho para el trato rudo que exigen las grandes ciudades.
Aclaración:
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