Mille Miglia, cuna de Campeones
POR: Marco Robles el Jue, 07 de Junio de 2012, 06:59 pm
Marco Robles | Colaborador
Periodista automotriz, amante de la pasta, el beisbol, los autos, los días fríos, el whisky y los buenos momentos
BRESCIA, Italia.- Más de 80 años de historia están bajo nosotros, y por delante mil 600 kilómetros que separan a los pilotos comunes de los inmortales del automovilismo mundial.
Tras casi 20 horas de viaje llegamos a Italia, con la emoción de un niño que sabe que está a punto de recibir un gran regalo y la esperanza de sentir toda la pasión que existe en este país por las carreras de autos.
Una fría, pero soleada mañana marcó el incio del viaje, que durante dos días nos sumergió en una de las carreras de resistencia más importantes, históricas y extenuantes del mundo, la Mille Miglia, una prueba que durante más de mil 600 kilómetros (1000 millas) lleva a los pilotos de ser ovacionados como héroes a probar los límites de su manejo en autos que se fabricaron antes de 1958.
Maleta en mano no dirigimos al estacionamiento del hotel para descubrir cuál sería nuestra montura. No, no era un auto clásico, pero sí uno que seguramente llegará a ese olimpo.
Un Porsche Boxster S color plata nos aguardaba, cortesía de la casa relojera suiza Chopard, patrocinador principal de la Mille Miglia desde 1988 y que cada año lanza un reloj alusivo a la carrera de edición limitada.
Quizá el Boxster sea el modelo más apegado a los bólidos que participaban en las ediciones originales, un auto ligero, compacto, potente y de excelente manejo.
Así, partimos rumbo al centro de Brescia, donde comenzamos a entender los alcances de esta competencia y por qué es tan especial.
Desde muy temprano las inmediaciones de esta ciudad son un festival del motor, en ningún momento deja de sonar el rugido de las máquinas que piden a gritos comenzar a correr por los caminos italianos.

Niños, adultos, mujeres, señoras con bebés en brazos, abuelos, todos están aquí para admirar a detalle cada uno de los autos, tomarse fotos e incluso discutir sobre la historia de este o aquel vehículo.
La Mille Miglia nació en la Navidad de 1926, cuando Renzo Castegneto, Giuseppe Mazzotti, Ajmo Maggi, y Giovanni Canestrini, apasionados del deporte motor, hablaban sobre la crisis de las carreras en Europa y llegaron a la conclusión de que sólo una prueba de gran renombre, que cruzara el país y atrajera a los mejores pilotos de la época, podía cambiar esta situación.
Actualmente la Mille Miglia sólo recibe 384 autos, la gran mayoría de ellos testigos reales de alguna o algunas de las 24 ediciones originales de esta competencia que se realizaron entre 1927 y 1957, pero todos joyas de colección, dignas de estar exhibidas en los mejores museos del mundo.
“Es más que una carrera. Es probablemente la prueba más dura de la historia”, afirma Stirling Moss, campeón de la Mille Miglia en 1955 a bordo de un Mercedes-Benz 300 SLR y poseedor del récord de tiempo y velocidad de la competencia al completar las mil millas en 10:07.48 horas, promediando 157 kilómetros por hora.

Pasadas las cinco de la tarde volvimos a nuestro auto, listos para ser parte de la historia, pues la nuestra asignación incluía recorrer el mismo trazado que los autos en competencia, aunque sin entrar a los tramos cronometrados.
Así cruzamos Brescia a toda velocidad, seduciendo a los miles de aficionados que se ubicaban a los lados del recorrido con el ronco sonido de nuestro motor boxer de seis cilindros, que genera 315 caballos de fuerza.
Kilómetro a kilómetro la emoción de la gente y nuestro sueño cumplido de ser pilotos de carreras nos iban adentrando en los caminos italianos, que nos llevaron de Brescia a Verona, Vicenza y Ferrara, a donde arribamos pasadas las dos de la mañana en medio de una fiesta que parecía no tener final.

La desvelada y el jet lag nos jugaron una mala pasada y tuvimos que hacer un poco de trampa para alcanzar a los punteros de la carrera.
Por ello en lugar de seguir la ruta, decidimos ir a la autopista que conecta a Ferrara con San Marino y recuperar la diferencia.
Cuando llegamos a la Repubblica di San Marino pudimos ver algunas máquinas detenidas a la orilla del camino que ya resentían la dureza de esta prueba.
Sin embargo, lo mejor nos esperaba en el enlace entre esta ciudad y Sansepolcro, un recorrido que nos mostró por qué los campeones de la Mille Miglia tomaron el estatus de dioses del automovilismo.
Poco a poco la serpenteante carretera nos hizo colocar el modo de manejo en Sport Plus y endurecer los amortiguadores, mientras más buscábamos el límite, más cuenta nos damos de que si no es fácil circular arriba de 100 km/h en estos caminos con la tecnología del siglo XXI, quienes lo hacían en los autos de mediados del siglo pasado eran de verdad hombres llenos de coraje y mucho talento.

Sin controles de tracción, sin frenos ABS, asistentes de frenada de emergencia y demás artilugios que portaba nuestro biplaza, nos parecía imposible repetir las hazañas de Moss, Piero Taruffi, Alberto Ascari, Tazio Nuvolari y demás campeones de esta carrera.
En Salsepolcro nos despedimos de la carrera, los autos partieron hacia Roma y nosotros tuvimos que desviarnos hacia Florencia con una enorme sonrisa, que seguramente tardará muchos años en borrarse.