La historia del primer Ford Mustang que se produjo

Se cumplen seis décadas de que el primer Mustang de la historia abandonó la línea de producción de la planta de Ford en Dearborn, Michigan

POR: Pablo Monroy el Lun, 11 de Marzo de 2024, 11:44 am

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Licenciado en Periodismo por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, fotógrafo automotríz y entusiasta de las cuatro ruedas. / IG: @elpablomonroy

El próximo 17 de abril se celebrarán 60 años de un acontecimiento que no sólo marcó la historia del Ford Mustang, sino también dentro de la historia del automóvil. Si bien la fecha oficial de venta del nuevo Mustang en aquel momento quedó registrada el 17 de abril de 1964, lo cierto es que un 9 de marzo, pero de 1964, salió de la línea de producción el primer Mustang de la historia, un convertible terminado en blanco que hoy disfruta de una vida muy tranquila en el Museo Henry Ford, sin embargo, no fue una tarea sencilla.

 

A principios de la década de los 60, Lee Iacocca, presidente de Ford Motor Company en ese momento, encargó a Gene Bordinat el diseño de un nuevo concepto de vehículo compacto y deportivo, como una respuesta  del éxito de los coches europeos de la época en el mercado estadunidense y de la caída de las ventas del Ford Thunderbird. El diseñador y su equipo se pusieron manos a la obra y en 1962 dieron forma al primer concept car. El resultado fue un biplaza convertible, equipado con un motor V4 de 109 caballos de fuerza y con un aspecto demasiado futurista.

 

 

Un año más tarde nació un segundo prototipo, está vez mucho más acertado. Era pequeño y ligero, tenía cuatro asientos independientes y la palanca de cambios nacía del suelo. Su imagen transmitía fuerza y deportividad. Finalmente, la producción en serie comenzó el 9 de marzo de 1964 y, en abril de 1964, Ford lo presentó en el Salón del Automóvil de Nueva York.

 

Antes de bautizar al Mustang con ese nombre, se pusieron sobre la mesa diferentes opciones, como Cougar o Puma, que fueron utilizados posteriormente en futuros modelos.

 

 

Sin embargo, también el nombre de Torino estuvo presente y la que más posibilidades tenía de hacerse realidad, debido a que J. Walter Thompson, una agencia de publicidad y de creativos, sugirió lanzar el coche con una campaña en la que decían: “nuevo modelo de importación… desde Detroit… inspirado por las más grandiosas carreteras italianas, pero traído directamente desde Detroit”.

 

 

¿El motivo? Torino es la capital del motor italiana, al igual que Detroit lo es para Estados Unidos, así que la idea de nombrar a este vehículo con esta denominación, en cierto modo exótica, les pareció interesante. Finalmente, como todos sabemos, acabó llamándose Mustang.

 

En su primer año de vida comercial, el Mustang vendió 417,000 unidades y, dos años más tarde, la cifra se incrementó al millón de automóviles. Estaba disponible en dos carrocerías: hardtop y convertible, así como un precio de 2,368 dólares. Gracias a su enorme éxito, marcas como Dodge, Chevrolet y AMC crearon el Challenger, Camaro y Javelin, respectivamente. El resto, es historia.

 

 

Una fecha tan importante merece recuperar la historia de Gail Wise, una profesora de primaria de 22 años, quien realizó la primera compra de un Mustang en la historia dos días antes de la fecha pactada por la firma del óvalo azul, el 15 de abril de 1964.

 

Gail Wise acudió a un concesionario Ford en Chicago para comprar un auto nuevo con el dinero que sus padres le habían dado más los 400 dólares que obtuvo tras vender su viejo Chevrolet 1958. Luego de recorrer por completo el piso de ventas, ninguno de los autos que estaban en exhibición llamó su atención, sin embargo, uno de los vendedores, al ver su rostro desilusionado, se acercó a ella y le dijo: “tengo un nuevo coche en el lote trasero”.

 

Una vez en el lugar, el vendedor le mostró un flamante Ford Mustang convertible en color Skylight Blue, equipado con un motor V8 4.2 litros de 164 caballos de fuerza. Ni la profesora ni el vendedor sabían que estaban haciendo historia, pues Gail Wise se convirtió en el primer ser humano, y la primera mujer, en comprar un Mustang.

 

Las miradas comenzaron a bombardear la carrocería del auto tras abandonar el concesionario, y no pararon por los siguientes días, inclusive el conserje de la escuela donde Gail trabajaba, aseguraba que “si me hubieran dado un centavo por cada mirada que recibía el Mustang, me hubiera jubilado de inmediato”.

 

La profesora utilizó su Mustang a diario para trasladarse de su casa a la escuela hasta bien entrada la década de los setenta, sin embargo, las inclemencias del clima de Chicago y las travesuras de sus cuatro hijos, terminaron por dañar la carrocería e interiores del Mustang, hasta que decidió ponerlo a hibernar en su garaje.

 

Tuvieron que pasar cerca de 33 años para que Tom, el esposo de Gail, lo desenterrara para devolverle sus viejas glorias, mediante un proceso de restauración que duró tres largo años y hoy en día, la preciada joya aún permanece con su única dueña. ¿Ha pensado en venderlo? Jamás.

 

 

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