El motor que llevó a Porsche al Olimpo
POR: Marco Robles el Sáb, 14 de Agosto de 2021, 11:00 am
Marco Robles | Colaborador
Periodista automotriz, amante de la pasta, el beisbol, los autos, los días fríos, el whisky y los buenos momentos
Si bien la historia de Porsche en el deporte motor es muy amplia y está llena de éxitos, la Fórmula 1 no ha sido especialmente una ambición para la casa de Stuttgart, aunque en los años 80 creó un poderoso motor que brilló en las pistas de la categoría reina.
El primer acercamiento de la marca con el Gran Circo se dio en 1961 con el 787, que sólo corrió dos Grandes Premios ese año y en 1962 con el 804, que se impuso en Francia con el estadunidense Dan Gurney al volante.

Tras ello, la compañía se enfocó en sus autos de resistencia.
Sin embargo, a inicios de los años 80, la era de los motores turbocargados estaba comenzando a dominar la F1, por lo que había que hacer movimientos rápidos y eficaces para poder destacar.
En 1981, Ron Dennis, quien hacía poco había tomado el control de McLaren, comenzó a trabajar en atraer a la firma de Luxemburgo, TAG (Techniques d’Avant Garde) como su patrocinador principal (en ese entonces la marca estaba con Williams).

Con el trato cerrado para 1983, comenzaron a trabajar en el motor, pero para ello necesitaban una marca automotriz y ahí fue cuando voltearon a Porsche.
Las múltiples victorias de la marca alemana en Le Mans y otras carreras de resistencia, así como el desempeño del motor del 911 Turbo, lanzado en 1974, más su reputación de alta ingeniería, fueron clave para involucrarlos en este reto, que fue encabezado por Hans Mezger, director del Departamento de Diseño de Vehículos de Competencia.
Mezger ya había probado lo que era la F1, pues él formó parte del equipo de desarrollo del 804, también del proyecto del 917 y en otros como los motores del 911 Carrera y el 911 Turbo.

Sólo le tomó dos años a la marca desarrollar este propulsor turbocargado, un V6 1.5 litros sobrealimentado que generaba 700 caballos de fuerza, que era ligero, confiable y muy compacto.
El motor no tuvo un debut soñado, pues abandonó sus primeros tres Grandes Premios, a finales de la temporada de 1983.
Sin embargo, para el año siguiente llegó recalibrado y mejorado, entregando 900 hp, con los que Niki Lauda y Alain Prost se combinaron para ganar 12 de las 16 carreras de ese año, asegurando el título de Constructores para McLaren y el tercer Campeonato Mundial de pilotos para Lauda, que superó por medio punto a Prost.

En 1985, volvieron a la carga y refrendaron la corona de equipos y pilotos, ahora con Alain Prost en el primer lugar. El sueño se mantuvo en 1986, donde Prost obtuvo su segundo título, aunque McLaren finalizó segundo entre los constructores.
1987 marcó el último año de la alianza McLaren-TAG-Porsche, con un motor que fue superado por el de Honda, dejando de nuevo al equipo británico en el segundo lugar y a sus pilotos muy lejos de la pelea por la máxima gloria.
En total sumaron 25 victorias y cinco campeonatos mundiales, una breve, pero exitosa historia que mostró el poder de la ingeniería alemana, combinado con el ingenio y talento del equipo McLaren y sus pilotos.

Su mejor época
Aunque ya había probado suerte en la F1 en 1961 y 1962, fue hasta este proyecto con McLaren y TAG que obtuvo campeonatos.
En 1991 regresó con el equipo Footwork Arrows, pero fue un desastre finalizando sólo dos de 15 Grandes Premios.
Porsche ha coqueteado con volver a la F1 si se adopta el desarrollo de biocombustibles en un futuro cercano.
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