Corvette ZR1, el automóvil superlativo
POR: Cristian Moreno el Lun, 16 de Julio de 2012, 11:13 am
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Cristian Moreno | Colaborador
Amo los autos y me apasiona la movilidad. Coordinador del concepto Atracción en sus distintas plataformas. Editor del periódico Excélsior y conductor en Excélsior Televisión. Consultor, conferencista y colaborador del programa de radio Autos en Imagen. Ciudadano del mundo, hecho en Cuernavaca.
Tuvieron que pasar seis generaciones para que Chevrolet fuera capaz de construir un Corvette como éste: capaz, atractivo y definitivamente todopoderoso. El ZR1 puede presumir de capacidades que superan las posibilidades de otros tiempos, y que sólo se concretan gracias a los adelantos tecnológicos propios de nuestra generación.
Lo cierto es que, a diferencia de la mayoría de los deportivos americanos, éste a primera vista apenas sugiere sus verdaderas capacidades, pues las aplicaciones en fibra de carbono y la vitrina sobre el cofre desde la cual es posible ver el motor, son muy sutiles. Su silueta es prácticamente la misma que la de otras versiones de Corvette de la actual generación, así que para saber de lo que realmente es capaz no hay de otra más que intimar con la bestia.
La escandalosa cifra de los 638 caballos de fuerza del V8 de 6.2 litros es sólo la punta del iceberg, y desde la primera vez que le pusimos las manos encima en la pista de Spring Mountain, ubicada en las afueras de Las Vegas, nos demostró que supera las expectativas más allá de la ficha técnica pues verdaderamente al nivel de los más deseados súper deportivos del mundo.
Cabe destacar que en aquella ocasión las instrucciones de un piloto profesional y las impecables condiciones del trazado nos permitieron tocar el cielo a bordo de este vehículo, y al mismo tiempo nos enseñaron a guardarle el respeto que se merecen sus 604 libras pie de torque que, de no entender, en cualquier momento pueden jugar en contra de quien está al volante si no tiene la pericia y manos suficientes para que tal empuje juegue a su favor. Varios meses después de aquella experiencia el sueño se ha hecho realidad y, a través de un nuevo concepto denominado Performance Store, General Motors ha puesto al alcance de los mexicanos este juguete.
No todos los días se tiene a la puerta a una de las leyendas más emblemática de la cultura americana y debido a su apretada agenda nos dispusimos a aprovechar el tiempo al máximo. Encendimos los sentidos y nos pusimos al volante. Con el piso muy mojado y la temperatura por debajo de los 12 grados centígrados tomamos el maltrecho Periférico que nos llevó a la autopista México-Cuernavaca, donde pudimos sacarle algo más de jugo a este bólido, cuya transmisión manual de seis cambios lo hace más cómodo de conducir en carretera que atorado en medio del tránsito capitalino.
Desde bajas revoluciones este Corvette ruge y acelera como pocos vehículos en el mundo, dejando ver su espíritu indomable, aunque es a altas velocidades cuando más se disfruta su potencial.
Poco antes de llegar a una de las curvas más emocionantes de esa autopista, La Pera, la lluvia se había detenido, por lo que el asfalto nos permitió incrementar la velocidad significativamente en un instante, bastaron unos cuantos metros para acelerar a fondo y al salir de aquella curva con la adrenalina a tope.
En ese momento pudimos apreciar en todo su esplendor la suspensión magnética adaptativa que monta de serie, la cual permite regular, en fracciones de segundo, la rigidez del auto, para adaptarse mejor a las condiciones de la carretera.
Sin darnos cuenta, en unos cuantos segundos estábamos por llegar a la desviación que nos conecta con la carretera hacia Tepoztlán, donde recordamos que siempre hay una guardia de la Policía Federal, por lo que accionamos con fuerza el pedal del freno. Con el piso algo húmedo los frenos de carbón cerámicos, también montados de serie y desarrollados por Brembo, nos llevaron de inmediato a los límites legales de velocidad, sin poner en riesgo la estabilidad del auto y sin bloquear los neumáticos Michelin, expresamente desarrollados para este modelo, pudiendo comprobar que la bestia no es indomable, que curvea, empuja y además frena tan bien como acelera.
Gracias a la puesta a punto, ayudada por una larga lista de asistencias electrónicas, que evitan que éste sea un auto nervioso e incontrolable, pudimos constatar en carne propia que los récords impuestos en el Nurburgring y la titularidad como Peace Car en las 500 millas de Indianápolis se las ha ganado a pulso y que es un auto digno de reconocimiento, único en nuestro país.
La estabilidad de su chasis le permiten al motor acelerar como pocos y permitir una experiencia digna del Kilahuea de Six Flags, que se complementa a la perfección con una dirección rápida y precisa, que permite llevar el auto con seguridad y aplomo a algo más que un arrancón de cuarto de milla.
Lamentamos no haber tenido disponible el sistema de navegación, a pesar de que esta belleza está equipada con una pantalla especial para ello, sin embargo fue de lo último que nos dimos cuenta pues, con tales prestaciones, a la hora de conducir fue en lo último en lo que pensamos. En todo caso pudimos conectar el iPod al sistema de audio que, a pesar de ser de muy buena calidad, fue opacado por la sinfonía que ofrecen los escapes y el motor que ruge como un auténtico barítono.
En definitiva éste es un auto que hace honor al culto de Corvette y lo eleva al nivel de los más seductores y exóticos súper deportivos del mundo, con una mucho mejor relación costo-beneficio lo que ubica a la marca estadunidense en una posición privilegiada con respecto a sus rivales, pues han logrado llevar esta auténtica joya de la ingeniería a su máxima expresión.