VW GOLF MK3 A 59, el sorprendente hot hatch que no llegó a producción
POR: Pablo Monroy el Jue, 27 de Agosto de 2020, 08:09 pm
Licenciado en Periodismo por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, fotógrafo automotríz y entusiasta de las cuatro ruedas. / IG: @elpablomonroy
En los años 90, en Europa, los vehículos compactos seguían siendo los reyes del mercado, y fueron muchos los fabricantes que se aventuraron a llevar un paso más allá a estas carrocerías, y uno de los principales capítulos escritos en los libros de historia de la época es el Volkswagen Golf Mk3 A59.

La tercera generación de este compacto ofreció una versión de alto rendimiento que elevaba las prestaciones hasta unos niveles nunca antes vistos en el segmento, aunque, desafortunadamente, llegó a ser una realidad más allá de los dos ejemplares que se fabricaron.
Para conocer el origen de este coche, debemos centrarnos en el que fue su predecesor, el Golf Mk2 Rallye, una edición limitada a cinco mil unidades que estaba equipada con un motor de cuatro cilindros de 1.8 litros, dotado con un compresor volumétrico que elevada la potencia hasta 160 hp, así como un sistema de tracción total Syncro. Sin embargo, tenía un precio algo elevado que dificultó las cosas a Volkswagen a la hora de vender todas las unidades planificadas en la serie.

En ese momento, la compañía decidió centrarse en su sucesor, el Golf Mk3 A59, un vehículo con unas prestaciones impresionantes y cuyo nacimiento corrió a cargo del preparador Schmidt Motorsport, esto con el objetivo de participar en el Campeonato Mundial de Rallyes en el Grupo A.
Para ello, se requería de la creación de una serie mínima de unidades que permitieran al modelo obtener la homologación para su participación. Se Tomó como base el Golf MK3, al que se le instaló un motor de cuatro cilindros de 2.0 litros y 16 válvulas, con un turbocargador KKK e inyección electrónica Bosch Digifant.

Con esto la potencia llegaba a los 275 caballos de fuerza a las 6,000 rpm y 275 libras-pie de torque. Las prestaciones hablaban por sí solas, con 270 km/h de velocidad máxima y 4.2 segundos para alcanzar los 100 km/h desde cero, cifras oficiales que muchos que eran mejores en la realidad.
Un peso en vacío de 1,375 kilogramos, una transmisión manual de seis velocidades y un sistema de tracción total permanente Syncro hacían que el Golf Mk3 A59 fuera el hot hatch definitivo cuando fue presentado en 1992.

Sin embargo, las modificaciones sobre la base del Golf III no terminaron ahí, y el preparador instaló un kit de carrocería de kevlar, componentes de fibra de carbono, suspensión específica, rines con neumáticos 205/50 ZR16 y un extenso programa de pruebas que incluía hasta 20 mil kilómetros en el Nürburgring.
A finales de 1993 se produjeron una serie de cambios en la directiva de Volkswagen que trajeron consigo recortes en algunas áreas, lo que acabó afectando a nuestro protagonista. Schmidt Motorsport puso punto final al desarrollo del A59 por orden directa de Volkswagen.

Pese a ello, ya se había terminado una unidad, un prototipo que vive en las instalaciones del Museo Volkswagen de Wolfsburg, así como otro ejemplar que quedó en posesión del preparador, aunque con algunos detalles que varían del prototipo original y con un motor menos rabioso.

El Golf A59 fue un prodigio para la ingeniería de la época y, de haber sido capaz de superar la fase de prototipo y haber llegado en una serie limitada a producción, se habría convertido rápidamente en el mejor compacto deportivo de la época.
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