Smart Fortwo: Gigante de la ciudad

Una de las opciones urbanas más atractivas del mercado, demostró de qué está hecho, en las calles del Distrito Federal.

POR: Gil Padilla el Sáb, 12 de Mayo de 2012, 10:00 am

Smart Fortwo
Gil Padilla

Gil Padilla | Coordinador

Me gusta el Porsche Panamera y siempre preferí a Alain Prost por encima de Ayrton Senna. Yo vi a los Chicago Cubs ser campeones de la World Series en 2016. Mi twitter es: @Gil_Padilla

La Ciudad de México encierra un sinfín de historias que se gestan en sus calles y avenidas, la mayoría de nosotros pasa buena parte de su tiempo recorriéndolas en un auto, lo que nos convierte en protagonistas de una aventura, en la que cada día amamos y odiamos esta urbe, en una batalla con el caos que se vive en ella. Esta vez un caballero con armadura diferente la desafió. Smart Fortwo Convertible, es su nombre.

 

Eran las siete de la mañana cuando el Smart despertó y se adentró en el asfalto en la hora en la que el caos vehicular vive su mejor momento, algo en común de las megalópolis, con instantáneas que se pueden tomar desde Nueva York hasta Shanghai.

 

Ahí en medio de sedanes, SUV, deportivos, camiones de todo tipo y transporte público, parece fácil intimidar a este pequeño, cuyas medidas son: 2 .69 metros de longitud, 1.55 metros de ancho y 1.56 metros de alto. Sin embargo, al momento de pelear cada centímetro de asfalto, no se ablandó y encaró con aplomo el reto.

 

Fue en un semáforo en el que una camioneta se le emparejó, la luz verde anunciaría el encuentro de David contra Goliat. El rugir de su motor tres cilindros turbo de 1.0 litros fue todo lo que escuchó su contendiente, que con sus más de dos toneladas de peso, sólo alcanzó a ver como perdía terreno ante este peso ligero de 780 kilos.

 

Hacía falta más y la Unidad del Rosario, al norte de la capital del país, fue el laboratorio perfecto en el que experimentó una serie de pruebas. Los enormes edificios de departamentos reflejan una problemática actual en la que no hay espacio para todos y contar con un lugar de estacionamiento es un lujo.

 

A través de los laberintos de este ghetto, se lució ante un público, que no dejó de mirarlo con curiosidad y asombro al ver que no había espacio que no pudiera ocupar, incluso se adentró en las entrañas de esta unidad habitacional en un puente que la recorre por completo cuyas dimensiones, menores a los dos metros de ancho, hacen que la mayoría de los autos palidezcan con el solo hecho de pensar en intentarlo.

 

“¿Gasta mucha gasolina?” -preguntó un lugareño- De inmediato y sin falsas modestias se enteró que su rendimiento es de 4.6 litros en ciudad, 4.0 L en carretera y 4.3 L combinado. La cara de asombro fue como una medalla al mérito. “Mantenerme cuesta poco” -remató este pequeño toda  vez que sus servicios tienen intervalos de 40 mil kilómetros o dos años, lo que ocurra primero.

 

La misión estaba cumplida y, tras haber enamorado a más de uno, era momento de regresar a la jungla de concreto para seguir convenciendo a los demás de que el futuro debe ser más inteligente. Tiene que ser Smart.

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