Sergio Pérez y la telenovela mexicana
POR: Ángelo della Corsa el Sáb, 16 de Noviembre de 2013, 05:22 pm
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Ángelo della Corsa | Colaborador
Periodista decano de la Fórmula Uno. Con 100 Grandes Premios en las pistas del mundo. Ha trabajado en radio, televisión, diarios y revistas. Ha publicado varios libros sobre el tema. Editor, enfocado sólo en el deporte de la velocidad suprema. www.topformula1.net
No uno, sino que varios de los lectores mandan su carta airados porque quieren que se opine sobre el tema que parece espinoso y no lo es tanto, viéndolo bien...
Se lo va a llamar: Sergio Pérez y la telenovela mexicana.
Tiempo de rasgarse vestiduras. De desatar la tempestad en un pocillo. Cuando no está pasando nada. Todos los pilotos llegan y salen. Los equipos siguen, pero también algún día tendrán que marchar.
Lo único que parece permanente mientras haya vida humana en el planeta es: que competiciones sí que las habrá. Y eso es lo bueno. Lo más interesante.
En este trabajo de dar cuenta de las carreras, escarbando, se ha querido encontrar la autenticidad y el valor esencial –relativo, por supuesto– que pueda haber en el deporte de la alta velocidad.
Se aborda con pasión y con seriedad aún con las limitaciones inherentes, ya que siempre se le ha respetado por su banalidad, por ser también espectáculo y negocio.
Pero el chiste y vaya que es de un chistoso lleno de rigor, ha consistido en puntualizar lo que aún con palidez tenga que ver con la poesía, la santidad y el heroísmo.
Es muy gratificante e interesante jugar en la paradoja.
Y si de paradojas se trata, hay que destacar que la mayoría de los aficionados se van con la finta.
En el drama de Sergio Pérez. No hay tal.
Dramático fuese, si le hubiera ocurrido un accidente de consecuencias irreversibles; porque andar en los bólidos es una invitación a matarse dentro de uno de ellos. Son lo más parecido que pueda haber con un féretro, aunque esta vez, sean de carbón y Kevlar con lindas "logomarcas" y emblemas encima.
Deporte de altísimo riesgo y aún de mayores intereses.
Entre el conductor y la escudería, lleva por fuerza mano la segunda. Se trata de carreras de coches y debe de estar quien los suministre. Si los participantes en el brete no lo sabían, es que padecen de una mala suerte tremenda que no es, sino fruto de la ignorancia o de la inconsciencia. Hay que tenerlo en cuenta…
Sergio ha tenido que ahuecar el ala porque en McLaren hacen muy bien las cuentas.
En este año de vacas flacas se ha dejado de ganar mucha plata. Vodafone su patrocinador estrella asociado, se marcha. Y además, saben que les espera otro año más de transición; ya que se despedirán de los motores de Mercedes Benz al final de 2014. Luego vendrá Honda, pero no es cosa de tener todo resuelto de la mañana a la tarde. Hacia 2016 vendrá el repunte y requieren un piloto que cueste mucho menos. Alguien que les sirva en el mediano plazo y que no exija nada, que se someta. Total, que el conocimiento fino lo aportará Jenson Button.
Los representantes de Pérez y él mismo, deberían de haberlo visto así.
Ahora falta que le consigan otro equipo, casi-casi el que sea. Para ello, se requiere que su patrocinador y mentor decida volver a apostar en él y sin medida, es decir, con mucho menos medida que en los tres años recientes. Cosa que no se ve imposible que ocurra, pero sí muy difícil, porque cada quien vela por lo que más le interesa.
Experiencia para la ciencia. Las partes involucradas se han metido en una liga que es muy pesada y el noviciado, había que pagarlo. Ojalá se haya aprendido de la lección y sean capaces de continuar.
Ha habido otras circunstancias peores. De las recientes, basta pensar en el equipo español HRT. En Toyota. En Honda. En Bridgestone. En BMW. En Panasonic. Y en varias docenas más de nombres de marcas comerciales que apostaron y perdieron, sin remedio.
De pilotos apeados, no hay que apurar mucho la memoria: Kamui Kobayashi, Jaime Alguersuari, Luca di Grassi, Vitaly Petrov, Sebastien Buemi, Karun Chandock y otros cientos de promesas o realidades, que ni vienen al caso recordar porque la lista no tendría fin.
Sólo recordar con la poca elegancia que el equipo Mercedes-AMG le dio las gracias al siete veces campeón del orbe Michael Schumacher, deja ver la ventana en claro. Porque en casa del jabonero quien no cae, resbala.
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