Motor de arranque: ¿Qué tienen en común Lincoln y Cadillac?

Las firmas de lujo americanas son más cercanas de lo que podríamos pensar.

POR: Redacción el Mar, 08 de Febrero de 2022, 10:37 am

Redacción

Redacción | Colaborador

Amamos los autos por eso nos adentramos en su mundo.

Yo era un niño demasiado chico para entender la importancia del asesinato de John Fitzgerald Kennedy, en 1963. Pero aún con apenas tres años de edad, jamás se me va a olvidar que en mi mente entonces la imagen que me quedó grabada fue la del inmenso y hermoso convertible de color negro, un Lincoln Continental modelo 1961, que después del trágico evento recibió modificaciones, incluyendo un techo y blindaje, que lo hicieron permanecer en servicio hasta 1977.

 

En esta semana, cuando la marca Lincoln cumplió 100 años como parte de Ford Motor Company, me vinieron a la mente muchos de sus grandes autos y las ganas de hablar de una marca que siempre fue objeto de deseo para mí y para muchos más.

 

 

Pocos saben que Lincoln nació de las manos del mismo hombre que fundó a su mayor rival: Cadillac. Pero Henry Leland y su hijo Wilfred, en 1902 dieron vida a Cadillac, cuyo nombre fue otorgado en honor al francés Antoine Laumet de la Mothe Cadillac, el fundador de la ciudad de Detroit. Leland y su hijo dirigieron la empresa, que en ese entonces fabricaba vehículos considerados de alta precisión pero de bajo costo.

 

Sin embargo, luego de desentendidos con Billy Durant, entonces CEO de General Motors, ambos dejaron la empresa en 1917 y decidieron fundar otra, cuyo nombre se puso en homenaje al primer presidente por el que Leland votó: Abraham Lincoln. Poco después del final de la Primera Guerra Mundial, la empresa pasó por momentos difíciles y el 4 de febrero de 1922, Ford la compró y Henry Ford nombró a su único hijo, Edsel, como presidente, quien decidió que si su padre hizo el auto más popular del mundo; él iría hacer “el mejor auto del mundo”.

 

Los primeros Lincoln fueron hechos completamente por la marca, pero también, como se usaba en la época, por varios de los mejores “carroceros” de entonces, como Anderson, Derham y LeBaron, entre otros. Ya en los años 30 Edsel decidió que habría de ser mejor y exclusivo en serio, con la línea K y motores V12 lo logró y puso la marca entre las más prestigiadas del planeta. Los mejores Lincoln y el futuro En 1939, Edsel quiso hacer un gran auto para él mismo y produjo el Zephyr Continental.

 

 

El éxito junto a sus amigos fue tal, en que en 1940 la producción subió de exclusivas 25 unidades a 400. El hecho es que el Continental es parte de la historia de la marca y su hoy lamentable ausencia del mercado se debe a un apetito insaciable de muchos por las SUV y crossovers, entre los cuales la marca también ha tenido y tiene productos de excelencia.

 

El convertible de 1957 es uno de mis favoritos y entre los descapotables sólo queda por debajo del ya nombrado 1961 que se hizo tristemente célebre. Por cierto, el auto que despidió a JFK puede ser visto hoy en día en el Museo de Henry Ford, en Dearborn, Michigan, que no sólo muestra autos, sino que una muy buena parte de la historia estadunidense, incluyendo aviones, trenes, casas y hasta computadoras.

 

El hecho es que particularmente Lincoln me parece la marca de lujo estadunidense por excelencia. Y es así porque supo mantenerse y renovarse como tal, incluso cuando el mercado, dio las espaldas y prefirió a los europeos. Hoy, cuando manejamos o somos pasajeros en un Lincoln, nos sentimos cómodos, disfrutamos el camino como se debe disfrutar un avión privado o al menos la primera clase de un vuelo comercial.

 

Lincoln no quiso ser deportiva, ni europea, japonesa o china. Fue y es el lujo estadunidense por excelencia y esto —que me perdonen los puristas que al pensar en autos sólo imaginan cuánto hacen de cero a 100 km/h— me encanta. Hoy veo en la calle un Town Car 1995 y me fascina. Es elegante, sobrio y tan imponente como cuando fue lanzado al mercado.

 

 

Es uno de esos autos que algún día espero tener y restaurarlo a la perfección. Pero no necesito regresar casi tres décadas para encontrar un Lincoln que me gusta, basta con volver una semana, cuando tuve la Corsair GT, para entender que Edsel Ford tal vez no haya creado, como quería, el mejor auto del mundo, pero sí hizo una compañía que nos puso a soñar a varios con tener a uno de ellos en nuestra cochera.

 

Por todo eso, creo —y mucho— en el futuro de la marca.

 

Por Sergio Oliveira

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