Alonso se corona ante los suyos en España
POR: Ángelo della Corsa el Dom, 12 de Mayo de 2013, 11:21 am
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Ángelo della Corsa | Colaborador
Periodista decano de la Fórmula Uno. Con 100 Grandes Premios en las pistas del mundo. Ha trabajado en radio, televisión, diarios y revistas. Ha publicado varios libros sobre el tema. Editor, enfocado sólo en el deporte de la velocidad suprema. www.topformula1.net
Alfonso Décimo El Sabio no sabría cómo explicarlo. El Cid Campeador no contesta a los mensajes de Facebook. Fernando El Católico señor de Castilla y Aragón ha fenecido, según cuentan. Juan Carlos Primero El Borbón, deja ver que su cetro toca ya la obsolescencia. España y los españolitos mueren de necesidad por un monarca en vivo y a todo color que los unifique. Que les endulce la vida.
Y este milagro ya sucedió. A colores. Es más, con el más colorado de los matices: La Madre Patria salió por un momento de la Unidad de Cuidados Intensivos.
Fernando de Asturias, El Rojillo, alza exultante el trofeo. Su auto, escarlata de nacimiento y noble de cuna a más no poder, enseña un brío y una nobleza tan exactas como se anhelaba ¡Qué caballo, qué Cavallino!
Barcelona, enrojecida de vergüenzas y de sin vergüenzas o sea, quizás por la dicha que la embarga sin bordes esta tarde: vitorea unánime a su conquistador. Un conquistador vivo y vivificante de aquí y de hoy, en tierra que se ostentó como de conquistadores.
En estos días tan magros, un gesto de esplendidez que fuera catalizador tenía que ocurrir. Y ocurrió. Ha sido jugando. Como quien no quiere la cosa, los cochecitos de carreras paran de cabeza al reino y al mundo del automovilismo deportivo. Era más que justo y más que necesario.
En rojo gana una carrera de Fórmula Uno, Ferrari. En colorado, lo hace en manos del gran volante que es, el de Oviedo. En grana, se agitan los pendones en las tribunas de El Circuit de Catalunya. En carmesí quedan las caras de los rivales subyugados. Se los comió, devorándolos. Hoy es día de fiesta. Felicidades.
De negro como viuda guapa, tal cual si estuvieran ausentes todos los tonos del mundo, otra vez el hombre-hielo levanta la mano. Con su taimada frialdad, el hoy emperador de Finlandia, Kimi Raikkonen, se suma al festejo barcelonés con su nave, de velas desplegadas y con un loto como distintivo.
También en tono bermejo, el Orden es Progreso en verde y amarillo, el paulistano Felipe Massa consuma un tercer lugar en la estación de llegada. Muito Obrigado, Cara…
Aunque con menos dicha, también es cierto, los de azul, lila y amarillo de las aguas energéticas bajan la mirada: ya que esta vez, Sebastian Vettel no pudo y Mark Webber quedó mucho a deber.
En plata, el color del dinero, el de las balas de El Llanero Solitario: los corredores de Mercedes lloran como deidades de la incapacidad manifiesta, lo que no pudieron defender como dos mosqueteros. Oportunidades las habrá: Mach Dir Keine Sorgen. Don’t Worry.
En verde, blanco y colorado la bandera del soldado: Sergio Pérez y Esteban Gutiérrez han mostrado su pundonor. Ha sido una carrera que deja a todos contentos.
La Furia Roja se desbordó, y Rocinante cabalga de nuevo.
Aclaración:
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