80 años de historias en el Vocho
POR: Excélsior el Sáb, 26 de Mayo de 2018, 02:46 pm
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Construye el Vocho-hotel en Yucatán
Su amor por el vocho y su espíritu aventurero hizo que Ramón Franco Torres recorriera gran parte del país en una casa rodante creada por él mismo y jalada por su Volkswagen.
Nacido en la Ciudad de México emprendió la aventura hasta que llegó a tierras mayas, enamorado de la ciudad decidió comprar un terreno en medio de la selva; ahí construyó su casa y el Eco camping Valladolid, muy cerca de la zona arqueológica de Chichen Itzá.
Lo más peculiar del lugar es que Ramón acondicionó en vochos, habitaciones para otros viajeros. “Soy una persona viajera de bajos recursos, me la pase viajando con mi vochito, jalando mi casa rodante y un día dije porque no hacer mi propio camping y ayudar a los viajeros; se me vino a la mente la habitación dentro de un vocho, busque carros económicos y yo mismo los reconstruí y formé en habitación”.
El lugar tiene una extensión de 40 x 40 metros, cuenta con un cenote; áreas verdes, tiene gimnasio, área de cine, alberca ecológica, biblioteca, área para acampar y es para toda la familia, la zona es cien por ciento ecoló- gica y auto sustentable.
“Escogí un vocho porque soy amante de los vochos, son autos que están hechos de una manera muy particular, no pesan mucho, son compactos, no consumen mucha gasolina cuando están en buen estado; es un vehículo que me ha marcado para toda la vida, todo el lugar donde se han instalado es reciclado y cien por ciento auto sustentable, hacemos composta, tratamos el agua, es energía solar”.
La idea surgió para que viajeros que emprenden la aventura con pocos recursos puedan llegar a un lugar como Eco Camping Valladolid, vivir la aventura de dormir cómodamente en un vocho y disfrutar de la naturaleza, señala que los precios son desde los 200 pesos, un apoyo como le llama para darle mantenimiento al lugar.
Ahora cuenta con tres vochos para dormir, espera ampliar el número; hay un área para acampar; una combi que es la “suite” y ya trabaja para que una avioneta sea un tipo “departamento”. Si alguien quiere vivir la experiencia de dormir en estos cómodos vochos pueden contactar a Ramón a través de la pá- gina de Facebook Eco camping Valladolid.
Lo dejaba parado por falta de gasolina
A Jorge Humberto Vázquez Reyes, siempre le gustaron los Volkswagen sedán.
“Alrededor del 93, yo adquirí el volkswagen 1965 , andaba buscando un 66, porque yo nací en febrero del 66, este automóvil, yo lo compré en estado normal en color paja.
En aquel entonces a mi esposa, Isabel Cristina; mi primer hijo, Jorge, y mi segundo hijo, Diego Eduardo, les encantaba mucho subirse al vochito”. Jorge relata que cuando lo compró no traía amortiguadores y se quedaba a veces sin gasolina porque no le funcionaban los medidores del tanque.
“Cuando mi esposa estaba embarazada decía ‘oye amor no le des tan fuerte porque siento que se viene mi tercer hijo”.
Prácticamente reconstruyó el automóvil, en aproximadamente dos años. “A l a u t o m ó v i l s e l e pusieron accesorios que no vienen de agencia, asientos de piel, su motor 1100 original, sus caras blancas”.
“Este automóvil me ha dado muchas alegrías, mucha vida. Un día iba con ellos (sus hijos), me quedé sin gasolina y los ni- ños puchando como podían entre lo que yo iba por la gasolina, me subo al automóvil y digo ‘este carro como me da lata’, y mi niño me dice ‘papá pero es muy divertido”.
Al escuchar a su hijo le respondió “te lo regalo”. Ahora, el pequeño Jorge ya tiene 26 años, terminó su carrera de diseño industrial y un día le ofreció el carro. “Me dice no papá ese no lo quiero agarrar porque es tuyo de colección”. Tras la insistencia de su padre, Jorge hijo le respondió “pues sí verdad es mío”.
Aprendió a manejarlo a escondidas
A los siete años, vio por primera vez un vocho, un modelo 1976 cuando su papá lo compró para poder viajar en familia y durante cinco años a Simón, le gustaba sentarse atrás para poder observar como se manejaba.
A escondidas, a sus 12 años cuando supuestamente salía para lavarlo, en complicidad con su mamá, lo manejaba: “primero empecé a prenderlo, apagarlo, jugaba con la palanca y así poco a poquito, hasta que un día empecé a darle vueltas en la explanada de la unidad habitacional donde vivíamos, hasta que aprendí a manejar y llevaba a mi mamá al mercado”, recordó Simón López.
Aunque le habían prometido que a sus 15 años le regalarían un vochito, por cuestiones econó- micas, no lo tuvo, pero seguía so- ñando con tener uno, por lo que 20 años después tuvo la oportunidad de comprárselo.
“Cuando trabajaba, un compañero tenía uno última edición 2004, lo supe porque tenía la placa en la guantera, está muy maltratado porque lo usaban diario, pero no me importó, sabía que podía restaurarlo”.
Así, cerca de dos años se dedicó a buscar refacciones para poder restaurarlo: de Monterrey, Michoacán y otros estados llegaba la defensa, los espejos y todos los accesorios que necesitaba, hasta que lo dejó como un auto de colección.
Es tanto su amor al vochito que en su cumpleaños 35, su esposa María Daisy Reyes en complicidad con sus sus padres Simón López y Adriana Camargo, le regalaron un pastel con la imagen del vochito que restauró, del mismo color e incluso hasta con el mismo número de placas.
A sus 37 años, Simón afirma que su volskwagen es su gran tesoro.
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