Por estas razones nos enamoramos del MINI John Cooper Works
POR: Marco Robles el Sáb, 08 de Agosto de 2015, 07:45 am
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Marco Robles | Colaborador
Periodista automotriz, amante de la pasta, el beisbol, los autos, los días fríos, el whisky y los buenos momentos
NEW HAVEN, Connecticut.- Para muchos ir a la Universidad de Yale es un sueño y a muchos otros la oportunidad nos llega por suerte. Bueno, realmente nos llegó porque Mini decidió regresarnos a la escuela para presentar la nueva generación del John Cooper Works, la versión más potente de su encantador hatchback.
Para conocer al emblema de altas prestaciones, y uno de los mayores iconos que tiene Mini en su historia, ingresamos a una espectacular aula en la Escuela de Administración de esta renombrada institución, donde recorrimos algunos de los momentos sobresalientes de este modelo, que es un homenaje al hombre que a principios de los sesenta modificó unos BMC Mini para hacerlos autos de rally, mismos que ganaron en Montecarlo en tres ocasiones.

Foto: MINI
La mañana siguiente nos despertó con un espectacular sol en el horizonte, que iluminaba las calles de esta ciudad, que si no fuera porque utilizamos nuestra visa para poder pasar migración, pensaríamos que estamos en Alemania, por la arquitectura de las casas y las edificaciones, donde algunas datan de 1700, ocupadas en su gran mayoría por la Universidad de Yale.
Así, nos montamos en nuestro vehículo, con un café en la mano y la esperanza de que el camino estuviera libre de policías, para poder abusar del acelerador.
Estéticamente este vehículo es prácticamente igual que los Cooper y Cooper S, hay que tomar unos minutos para descubrir detalles menos obvios que la nueva fascia y alerón trasero, los frenos de disco, firmados por Brembo de cuatro pistones, los rines abombados y por su puesto un interior con toques más deportivos, nos recuerdan que estamos al volante del hijo de una leyenda.

Infografía: Carlos Moreno
El motor tiene un sonido que enamora, ronco, que parece estar conteniendo todo el poder de su propulsor para el momento que aprietas el acelerador.
Debajo del cofre se encuentra un motor de cuatro cilindros 2.0 litros twinturbo de 228 caballos de fuerza, que a nuestra opinión bien podían ser 250, pero habrá que esperar al facelift de este modelo o a sus últimos años de producción para verlo en la versión GP, y 236 libras-pie de torque.
Este propulsor impulsa el eje delantero mediante una transmisión manual de seis velocidades o una automática de seis cambios, con paletas de cambios en el volante.

Foto: MINI
Los primeros kilómetros nos mostraron un auto firme, quizá un poco más de lo que se desea en un asfalto al que las inclemencias del tiempo le pasan factura con algunos baches y vados, que nos hicieron recordar dónde están nuestros riñones, pero nada a lo que no se acostumbre uno después de algunos kilómetros.
Seguimos por el freeway, donde por más que nos quisimos comportar y mantenernos en los límites de la ley, las 65 millas por hora se convertían rápidamente en 100, y es que este auto va sobrado de estabilidad y realmente no te das cuenta que tan rápido vas, hasta que vas muy rápido.
Finalmente llegamos a la Alan Wilzig Racing Manor, una pista de carreras de 2.75 millas que costó 7.5 millones de dólares, construida en la propiedad que el empresario Alan Wilzig tiene en Taghkanic, Nueva York. Esta es la pista de carreras para uso recreacional más grande del mundo y fue una verdadera prueba para este vehículo.

Foto: MINI
Este serpenteante circuito está construido sobre un montículo, por lo que te lleva de arriba a abajo como si fuera una montaña rusa, incluso tiene una curva peraltada, que en las primeras pasadas parece querer sacarte el estómago por el lado derecho del cuerpo.
Tras un par de vueltas estamos convencidos de que la caja automática es la ideal para este circuito por lo trabado del trazado, que te mantiene entre segunda y tercera 90% de la vuelta, salvo en la recta donde alcanzamos a llegar a la cuarta velocidad con una máxima de 160 km/h.
El balance del vehículo fue puesto a prueba por los constantes cambios de dirección y de caída de la pista, y nos sorprendió la precisión de la dirección, que apunta al auto a donde el conductor quiere, dando mucha confianza cuando se conduce a altas velocidades.
Mucho del trabajo de suspensión y aerodinámica del vehículo fue heredada directamente del vehículo de carreras, por ello su alto grado de eficiencia y precisión.
El sonido del motor a altas revoluciones es cautivador y acompañado con el volante deportivo y los asientos de cubo, las sensaciones se elevan, realmente te sientes en un coche de competencia.

Foto: MINI
Todo este control es aportado por sistemas electrónicos como el control dinámico de la estabilidad y tracción, el bloqueo electrónico del diferencial y el Performance Control, acompañado por el control dinámico de la amortiguación, este último opcional.
Además, como en sus demás hermanos, en el aro de la transmisión cuenta con una perilla, con la que se puede cambiar el mapeo del motor, para ser más eficiente o exprimir lo mejor de su desempeño.
De vuelta a la carretera, la montaña puso frente a nosotros varios kilómetros de curvas, donde activamos el modo Sport y nos dejamos llevar por el serpenteante camino donde autos más grandes sufrirían, pero no un Mini, este es su hábitat preferido y es donde nos muestra las cualidades de su filosofía de go kart.

Foto: MINI
El día siguiente, nos llevó al hermoso autódromo de Lime Rock Park, en Connecticut, para vivir la séptima fecha del Continental Challenge, un serial de carreras donde Mini compite con dos autos. Las dos horas de competencia nos mostraron que sin importar el tamaño de los rivales, se mide al tú por tú con modelos como el Fo0rd Mustang y el BMW Serie 3, es un guerrero de las pistas.
El Mini JCW es un digno heredero de la leyenda de John Cooper.
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