Jeep: El rey del camino

POR: Marco Robles el Mar, 28 de Agosto de 2012, 07:12 pm

Por tres días vivimos una travesía entre el pasado y el presente del Salvaje Oeste, un lugar que se siente orgulloso de mostrar su legado. Foto: Marco Robles +9 VER GALERÍA
Marco Robles

Marco Robles | Colaborador

Periodista automotriz, amante de la pasta, el beisbol, los autos, los días fríos, el whisky y los buenos momentos

 

TELLURIDE, Colorado.- La fiebre del oro fundó toda esta zona del oeste de Estados Unidos, parajes en los que parece imposible llegar en otro vehículo que no sea un todo terreno y que mejor que un Jeep para retar los intrincados caminos de las cordilleras de Colorado.

 

Durango nos recibió con un clima bastante agradable, apenas unos días después de que una serie de incendios forestales destruyeran miles de hectáreas de bosque.

 

Un pueblo que parece atrapado en los últimos años del siglo XIX, aunque ahora en lugar de carruajes y caballos, sus calles reciben grandes pick ups, motocicletas y muchas bicicletas.

 

Luego de vivir una pelea del viejo oeste en el bar del Hotel Starter, uno de los más viejos de la Unión Americana, nos dispusimos a descansar del largo viaje que nos llevó de la Ciudad de México a Phoenix y de ahí a Durango.

 

Por la mañana un pozole, con un fuerte sabor a comino, nos dio energías para caminar hacia la estación del tren, una locomotora de vapor nos llevó en poco más de tres horas y media desde esta ciudad hacia Silvertone, mostrándonos  hermosos paisajes de montaña.

 

Por fin llegó el momento de subirnos a los Jeep.

 

Un Wrangler Unlimited rojo nos espera al lado de la vía del ferrocarril. El ansia de quitarle el toldo para disfrutar del paisaje es reprimida por una fuerte lluvia, pero la misma promete emociones en el camino.

 

Durante más de cinco horas recorrimos las Red Mountains, un grupo de tres picos que nos llevó hasta casi cuatro mil metros de altura, pasando por momentos soleados, más lluvia y bajas temperaturas.

 

A pesar de que el camino no es un gran reto para nuestro Wrangler, agradecimos estar en un vehículo de estas características y así poder sortear sin problemas algunas zonas de lodo, piedras y subidas empinadas.

 

Conforme nos adentramos en las montañas y el bosque comenzamos a descubrir zonas que hace muchas décadas albergaban minas y pequeños poblados, la gran mayoría de ellos quedaron abandonados cuando se agotaron los minerales.

Con los últimos rayos del sol arribamos a un campamento, donde el sonido del Country y una fuerte lluvia nos hicieron arrimarnos a la fogata para mantener despierto el espíritu aventurero. Cuando el aguacero pasó, el cielo nos regaló un espectacular manto de estrellas.

 

Muy temprano tuvimos que salir del campamento para continuar nuestro recorrido por Colorado.

 

Fue momento de dejar el Wrangler y disfrutar de las comodidades de un Jeep Grand Cherokee.

 

La carretera Million Dollar Highway nos dejó probar la dinámica de manejo de nuestra montura, sorteando varias curvas cerradas.

 

Sin embargo, lo mejor estaba por venir.

Un par de kilómetros antes de llegar a Ouray, nos desviamos hacia el bosque, para dirigirnos hacia el Imogene Pass, uno de los cruces de montaña más altos de Estados Unidos a 3,997 metros sobre el nivel del mar.

 

Piedras, vados y otras sorpresas del camino nos obligaron a subir la suspensión al máximo y poner el modo de manejo en rock.

 

Poco a poco los kilómetros nos descubrieron hermosos paisajes y las grandes capacidades del Grand Cherokee, que sin duda es un Jeep en toda la extensión de la palabra.

 

Luego de pasar por el Imogene Pass, comenzamos a descender hacia Telluride, por el Tomboy Road, un camino que está catalogado con 4.5 en dificultad sobre una escala de 5 y que en invierno se cierra a la circulación por el riesgo de avalanchas.

Un deslave de nieve acabó con el pueblo minero de Tomboy a finales de los años 20, y lo enterró bajo 50 metros de nieve.

 

Con desfiladeros de más de 200 metros a nuestra izquierda, no podemos despegar la vista del camino, en el que apenas cabe una camioneta.

 

Finalmente llegamos a Telluride, un lugar que ha ganado gran fama por ser un exclusivo resort para esquiar, aunque, será para otra ocasión, pues las temperaturas del verano hacían lucir un verde intenso en todas las pistas de esquí.

 

Aunque los locales afirman que no existe una postal más bella que Telluride y sus montañas llenas de nieve.

 

Lo que si pudimos ver fue a un impresionante Oso Negro jugando con unas ramas, por la noche lo escuchamos tirando botes de basura en busca de  alimento.

En tres días redescubrimos las capacidades de un Jeep y nos adentramos al estilo de vida de los amantes de la aventura.

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