La historia del auto ejemplar que tuvo papá: el Ford Topaz
POR: Irving Gasca el Mar, 07 de Noviembre de 2017, 06:00 pm
Irving Gasca | Colaborador
Eterno soñador. Trotamundos urbano. Tengo rayadas las manos
Los años ochenta representaron un enorme cambio para nuestro país, el mundo entraba en un período de tensión por las guerras, y México se preparaba para la devaluación de su moneda.
El sector automotriz se encontraba apenas diversificándose. Las firmas ofrecían interesantes propuestas que definirían su rumbo; que serían de mucho éxito o que terminarían muriendo. Conoceríamos al interesante Renault 5 'zapatito', al moderno Corsar, y la historia de VAM estaría por cerrarse.
Ford contaba otra historia, se encontraba en estabilidad viniendo de un modelo como el Fairmont y el Maverick, sus propuestas de dos y cuatro puertas para el mercado mexicano.

Foto: Especial
No obstante, los tiempos cambiaban y era necesario un modelo más pequeño, que se adecuara a las necesidades del mercado, el cual buscaba un auto familiar, cómodo, de motor de menor cilindrada y que compitiera con autos como el Cavalier de Chevrolet, el Atlantic y Corsar de Volkswagen y el Dart de Dodge.
Ford conocía no sólo la fórmula, sino al público mexicano, así que decidió tomar cartas en el asunto; nació el Ford Tempo, conocido en México como Topaz.

Foto: Flickr
No hay duda, le dio al clavo pues los mexicanos voltearon a ver nuevamente a la marca del óvalo. De entrada, el diseño era propositivo, peculiar y diferente a todo lo que Ford había hecho hasta entonces, sentó las bases del lenguaje de diseño que veríamos más tarde en otros modelos.
Su aspecto de ángulos redondeados, conjuntos ópticos de figuras como cuadrados y triángulos, definitivamente llamaban la atención. Detalles cromados en toda la carrocería, así como rines de aleación, daban la impresión de que se trataba un auto cargado de lujo.

Foto: Flickr
Otro aspecto era la parrilla, la cual presumía líneas horizontales que le brindaban carácter a todo el vehículo. La parte trasera, también mostraba juegos interesantes: un diseño de calaveras simple, pero moderno y atractivo. Se ofrecía en carrocería de 2 y cuatro puertas.

Foto: Especial
No era el vehículo mejor logrado en términos de diseño, en la época, tampoco era el último grito de la moda; sin embargo, el Topaz tenía un fuerte carácter que convencía a la gente. El respaldo de una marca como Ford, lo hacía deseable.
Si algo demostró, fue que podía ser capaz de ser un vehículo en el que se podía confiar. Llegó al mercado con un motor 2.3 litros de cuatro cilindros, capaz de generar 90 caballos de fuerza y 125 libras-pie de torque. Equipaba, además, una suspensión independiente.

Foto: Flickr
He de confesar, que en un principio, no me hizo tanta gracia el Topaz. Se me hacía un tanto raro, e inadecuado. Aunque, reconozco que eso se pudo deber a mi poca fe, ya que fue el sucesor, en la familia, de un Renault zapatito muy querido; algo con lo que jamás estuve conforme. Aun así, pude admitir lo interesante, cómodo, práctico y aguantador del vehículo; estas características definían al Topaz.

Foto: Flickr
Los cambios alrededor de la segunda mitad de los años ochenta, fueron sutiles, pero que le daban otra imagen y que hacían pensar en un auto distinto.
La segunda generación tal vez llegó demasiado anticipada, pues fue en 1988 que el Ford Topaz, cambió completamente. La nueva generación, dejaba un poco de lado la innovadora propuesta que se veía en la primer generación. Optaba por líneas más clásicas y mesuradas, con rasgos angulares y más de acuerdo a las tendencias de la época.

Foto: Especial
En México, tuvo varias versiones disponibles, incluídas algunas con motor V6, y detalles de lujo que venían de la mano de la versión de su marca de lujo Mercury: Ghía, la línea que representaría una colaboración con la casa de diseño, y que durante varios años, sería la de mayor lujo en la gama.
En 1994, luego de varios años de éxito y un par de millones de unidades vendidas, Ford dio por terminada la producción del modelo, para dar paso a el renovado Contour, el cual iniciaría otra historia.
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