El Dodge Charger que intimidó a las estrellas
POR: Mario Cañas el Mié, 16 de Octubre de 2013, 12:19 pm
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Mario Cañas | Colaborador
Reportero de Atracción, suplemento de Excélsior
Cuando uno piensa en visitar el paseo de la fama en Hollywood y las inmediaciones de las zonas más exclusivas de Los Ángeles, regularmente se imagina que será al volante de un auto súper deportivo, algún convertible con la capota abajo, desde luego, o a todo lujo en un enorme sedán, con chofer incluido, pero recorrer estas calles en un vehículo que intimide a su paso, ¿por qué no? La aventura en la meca del cine americana estaba por arrancar a bordo del Dodge Charger.
Eran cerca de las ocho de la mañana cuando despertamos al mundo con el motor de este muscle car, que sin ser el más salvaje, es decir, no era el furioso motor V8 HEMI 5.7 litros de 370 caballos de fuerza, armado en la planta que tiene la marca en nuestro país en Saltillo. Sin embargo, sí teníamos el V6 Pentastar 3.6 litros que entrega una potencia de 292 caballos y que, fue suficiente para hacerle pedazos el sueño, a más de uno en el hotel desde que iniciamos nuestro recorrido.
La ruta inició con dirección a Santa Mónica y, a través de las largas e interminables rectas, pudimos constatar la amplitud que ofrece el Charger, en las plazas traseras literalmente se puede viajar con la pierna cruzada, sin sacrificar el confort de la persona que va al frente.
Quizá quieras ver al nuevo Dodge Dart que volvió por sus fueros.
La suspensión fue toda una revelación para nosotros, ya que esperábamos que fuera rígida y que nos haría pagar el precio, pero sin ser floja nos brindó un andar confortable, que en conjunto con su dirección precisa pudimos disfrutar del paisaje en el tramo por la playa.
Ya entusiasmados y con el tanque lleno enfilamos rumbo a Beverly Hills y desde luego a la alucinante calle Rodeo Drive, donde el shopping está destinado a los valientes que no tienen miedo en raspar la tarjeta de crédito. Desde luego, nosotros buscamos algo de acuerdo a nuestro presupuesto, pero fallamos miserablemente al no juntar ni para un par de boxers.
Dale un vistazo al más feros de Dodge, el Charger SRT-8.
Camino a la fama
Tras dejar Beverly Hills en el retrovisor, pisamos con alegría el acelerador, obviamente respetando los límites de velocidad, nadie quería sacrificar los más de 100 dólares de multa, y así pudimos llegar a buena velocidad a Hollywood Boulevard. Desde que arribamos a la calle principal nos convertimos en un referente visual, que brillaba en medio del mar de taxis y transporte turístico que peleaban por cada centímetro en el asfalto.
La musculatura del Charger seducía a más de uno e intimidaba a unos cuantos más, imposible saber cuántas estrellas del séptimo arte miraron el vehículo, ya que pasaban inadvertidas entre el mar de gente que se arremolinaba a las afueras del Teatro Kodak.
Este lugar es alucinante, toda vez que basta con recorrer dos cuadras para dejar los reflectores y pasar a la cruda realidad de los sueños rotos de quienes viven en las calles, donde las postales del recuerdo se convierten en placas de gente arrestada a cada instante y la pelea por trabajo, fuera de un Home Depot, de nuestros paisanos es el pan de cada día.
No podíamos dejar de subir a las colinas que enmarcan las enormes letras de Hollywood y, fue en esas estrechas y sinuosas calles, donde el Charger demostró su versatilidad y maniobrabilidad que pondría a prueba hasta un carrito de golf.
La tarde caía en las calles de California cuando emprendimos el regreso al hotel y, aunque estuvimos tentados a dejar la huella de los neumáticos del Charger en el Paseo de la Fama, al final nos comportamos.
#AG
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Aclaración:
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