Dodge Challenger Hellcat Widebody: más que músculo

POR: Pablo Monroy el Lun, 05 de Noviembre de 2018, 06:32 pm

Pablo Monroy

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Licenciado en Periodismo por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, fotógrafo automotríz y entusiasta de las cuatro ruedas. / IG: @elpablomonroy

El último poblado sobre la carretera México-Puebla se ha quedado atrás y el camino se abre en una de esas rectas que se alejan hacia el horizonte. Hemos subido a tercera velocidad con la paleta de cambios derecha ubicada detrás del volante del Dodge Challenger Hellcat con el acabado Widebody que traemos entre manos.

 

FOTO: Pablo Monroy

 

Lo que significa que, además de ser un arma letal para devorar el asfalto, cada poro de su musculosa carrocería derrocha agresividad con el kit estético heredado directamente del todopoderoso Challenger Demon que equipa y que lo ensancha casi nueve centímetros más con respecto a un Hellcat convencional.

 

Con esto se mejoró, además de su postura intimidante, su estabilidad y calidad de marcha, gracias a que el espacio extra bajo las salpicaderas permitió colocar un juego de rines de aluminio forjado de 20 pulgadas de diámetro, calzados sobre neumáticos Pirelli P-Zero de alto rendimiento de más de 30 centímetros de ancho.

 

FOTO: Pablo Monroy

 

Suficiente caucho en las cuatro esquinas para contener tanto la fuerza del motor que llega a las ruedas traseras e incrementar la necesaria adherencia al pavimento, atentando, de ser necesario, en contra de las leyes de la física.

 

Las mejoras no sólo son estéticas, pues el Hellcat Widebody también equipa una dirección asistida eléctricamente con tres niveles de rigidez, según se requiera, y un sistema de suspensión deportiva Bilstein adaptativa, para tener un mejor contacto con el asfalto.

 

FOTO: Pablo Monroy

 

ESPECTÁCULO DE VELOCIDAD

Con nada por delante y el poder contenido del motor V8 6.2 litros de este muscle car ansioso por salir, tratamos de controlar el pie derecho, pues no hundes el pedal del acelerador de una máquina con 707 caballos de fuerza sin respeto, primero es necesario un periodo de exploración de su fuerza exigiéndole de a poco y esperando sacar conclusiones cuando la cosa se ponga seria.

 

Desde el puesto de mando la sensación de poder es absoluta y el ambiente a coche de carreras que se respira en el habitáculo, dotado con un juego de asientos deportivos forrados en piel Napa y gamuza que sujetan con firmeza, es total.

 

El periodo de conocimiento mutuo ha terminado y llega el momento de la verdad. Presionamos el acelerador a fondo y de inmediato la espalda se incrusta en el respaldo del asiento, al mismo tiempo que las más de dos toneladas que el Hellcat Widebody registra en la báscula se evaporan.

 

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Este torrente de poder llega al eje trasero pasando por una transmisión automática de ocho velocidades, cuyo rendimiento se disfruta más cuando está en modo manual y es manipulada a través de las paletas ubicadas detrás del volante, lo que permite estirar cada velocidad hasta el corte de inyección, justo cuando las cosas se ponen rojas en el tacómetro.

 

La respuesta del propulsor es salvaje, sin retraso ni inercias en la entrega y con una explosión instantánea de energía supercargada. La rapidez con que se devora una a una las velocidades es tal que apenas y tenemos tiempo de presionar la paleta derecha para engranarlas.

 

FOTO: Pablo Monroy

 

Las marchas entran tan rápido y con tal suavidad que virtualmente no hay pausa en la feroz aceleración, que además está acompañada de un aullido mecánico producto de quemar gasolina a un ritmo incesante.

 

Es momento de levantar el pie del acelerador para enfrentar una de las curvas más cerradas de este tramo y pisar el pedal del freno para que los enormes cálipers Brembo de seis pistones muerdan con firmeza los discos de 15.4 pulgadas ranurados y ventilados de competencia que monta y de esta forma controlar el ímpetu del auto.

 

FOTO: Pablo Monroy

 

Nuevamente acelerador a fondo y el empuje del propulsor Hemi regresa de inmediato, acompañado de esa enriquecedora banda sonora que tiene el pedigrí para ser considerado una obra de arte de la ingeniería y unas prestaciones que parecen haber sido extraídas mediante fusión nuclear.

 

Nos llama la atención que, aunque se trata de un vehículo salvaje en toda la extensión de la palabra, no resulta difícil de gobernar, gracias a la precisión de la dirección, a su bajo centro de gravedad y a la suspensión que digiere con facilidad las peores imperfecciones del asfalto, incluso en el modo más rígido.

 

FOTO: Pablo Monroy

 

Una vez en Río Frío nos detenemos para recuperar el aliento y esperar a que los niveles de adrenalina de nuestro cuerpo se normalicen tras la grata experiencia, así de bueno y excitante es el Dodge Challenger Hellcat Widebody, y eso es algo que pocas máquinas con cuatro ruedas pueden provocar.

 

El Dodge Challenger Hellcat Widebody está disponible en nuestro mercado por un precio de un millón 250 mil pesos.

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