Carroll Shelby recordando a uno de los más grandes del mundo motor

Un día como hoy, pero de 1923, nació uno de los verdaderos padres del automóvil americano deportivo, y éste es su legado

POR: Pablo Monroy el Sáb, 11 de Enero de 2020, 11:30 am

Un día como hoy, pero de 1923, nació uno de los verdaderos padres del automóvil americano deportivo, y éste es su legado
Pablo Monroy

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Licenciado en Periodismo por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, fotógrafo automotríz y entusiasta de las cuatro ruedas. / IG: @elpablomonroy

Carroll Shelby comenzó como granjero para ganarse la vida, sin embargo, y por suerte para el automovilismo, una enfermedad terminó con sus gallinas, lo que lo obligó a vivir de las carreras y, sobre todo, de los diseños de algunos de los mejores deportivos de la historia, como el legendario Shelby Cobra.

 

La historia de Carroll comenzó como una simple afición en 1952, a los 29 años, cuando uno de sus amigos lo convenció para competir en carreras de coches con un hot rod, una pasión que le resultaba difícil de practicar, ya que compaginaba su afición por los circuitos con el cuidado de su granja de aves, de lo que realmente vivía.

 

 

De hecho, la granja, ubicada en Texas, le absorbía tanto tiempo que, en agosto de 1953, llegó tan tarde a una carrera que tuvo que competir vestido de granjero, situación que provocó innumerables risas entre el resto de los pilotos, pero que le dio fama y popularidad ante la prensa, que lo apodó como el piloto granjero; a partir de ese momento decidió competir con ese atuendo.

 

Por desgracia para Shelby, o por fortuna para la historia del automóvil, el mal de Limber, enfermedad que ataca al sistema nervioso de las aves, acabó con sus gallinas a finales de 1953 y su granja quebró. "Me di cuenta de que no podía ganarme la vida criando pollos y me pregunté qué quería hacer. La respuesta fue: algo relacionado con los automóviles".

 

 

Así que, en 1954, se propuso ser piloto profesional de carreras, una decisión acertada que le permitió, en sólo seis años, convertirse en uno de los pilotos estadunidenses más aplaudidos, pues ganó tres campeonatos nacionales de Estados Unidos, estableció el récord en la Hill Climb Auto Race en 1956, un rally de montaña conocido en su país como la subida a las nubes, y disputó, aunque sin subir al podio, ocho grandes premios de Fórmula 1 en 1958.

 

Por si esto fuera poco, un año más tarde, ganó las 24 Horas de Le Mans, pilotando un Aston Martin DBR1: “Fue una de las emociones más fuertes de mi vida: competí tomando píldoras de nitroglicerina porque estaba enfermo del corazón".

 

 

Desafortunadamente, su estado de salud no le permitió resistir la tensión que se vive en las carreras y tuvo que abandonar su puesto de corredor en 1960 cuando, por su enfermedad coronaria, los médicos le pronosticaron cinco años de vida, como mucho.

 

Esta situación lo obligó a tener que ganarse la vida como preparador de coches de carreras, algo con lo que conseguiría el dinero suficiente para comenzar a fabricar sus propias creaciones. Para ello, contó con el apoyo de Ford, la marca para la que siempre había corrido.

 

 

Shelby tenía en su cabeza una obsesión: desarrollar un coche que combinara un chasis a la altura de deportivos europeos como Ferrari, pero impulsado por un motor americano de gran cilindrada y potencia, y llamarlo Cobra, una serpiente que, por su agresividad, le encantaba identificar con lo deportivo.

 

Tuvo suerte porque la marca británica AC estaba al borde de la quiebra tras perder a su proveedor de motores, Bristol, y, al mismo tiempo, Ford estaba desarrollando un nuevo motor V8. Shelby conocía la situación y salvó al constructor británico gracias a la adopción de motores Ford. De este modo, y tras casi dos años de trabajo, Carroll Shelby sorprendió al mundo en 1962 con un modelo que en la actualidad sigue siendo un objeto de culto: el Shelby AC Cobra.

 

 

Con este modelo, Shelby comenzó a labrar su leyenda como preparador de coches, alcanzando su auge a finales de los años 60 con la llegada del brutal AC Cobra 427, del que sólo se fabricaron 358 unidades con un motor V8 de 415 caballos de fuerza.

 

Para demostrar las cualidades de este deportivo, Shelby pegaba un billete de 100 dólares en el tablero, y prometía a sus clientes que si eran capaces de agarrarlo mientras aceleraba a fondo sería suyo, pero nadie lo consiguió.

 

El secreto de su éxito, según cuenta Phill Henry, uno de sus mecánicos que participó durante el desarrollo del Ford GT40, modelo que Ford construyó en los años 60 con el objetivo de acabar con el reinado de Ferrari en las 24 Horas de Le Mans, y que logró que Ford ganara este título cuatro veces consecutivas, de 1966 a 1969, era que "sabía elegir a la persona perfecta para realizar cada trabajo y darle la libertad necesaria para conseguir el mejor resultado".

 

Tras los primeros éxitos deportivos de sus creaciones, Ford le encargó en 1966 que inyectara potencia al Mustang, que contaba con un motor de 109 hp. Los resultados fueron espectaculares, pues en 1965 apareció el Shelby Mustang GT 350 V8 de 306 hp, y un año más tarde, el todopoderoso GT 500 KR, también conocido como King of the road por su motor de siete litros y 355 hp.

 

Sin duda, uno de los modelos más admirados de Estados Unidos y protagonista de películas como 60 segundos. Desde entonces, tras un periodo de inactividad entre 1969 a 1982, de su fabrica salieron modelos tan conocidos como el Dodge Viper en 1992, Ford GT, presentado en 2003 y el Shelby Cobra Concept de 2005. Con más de 85 años de edad, aún era posible verlo en los salones del automóvil presentando nuevos deportivos, como el Dodge Viper, inspirado en el AC Cobra, o el Mustang GT, que comenzó a venderse en 2006 en Estados Unidos.

 

En la recta final de su vida su obsesión ya no eran los coches, ya que desde la década de los 90, colaboraba, incluso subastando sus propios automóviles, con la fundación que lleva su nombre y que se dedica a ayudar a niños enfermos que necesitan un trasplante, el propio Shelby tuvo uno de corazón y otro de riñón y, hasta su muerte, el 10 de mayo de 2012, fue la persona de todo el mundo que más tiempo sobrevivió tras recibir un corazón nuevo, 21 años. Gracias Carroll Shelby por tu legado.

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