Vettel o el elogio de la monotonía
POR: Ángelo della Corsa el Dom, 25 de Agosto de 2013, 08:44 pm
Ángelo della Corsa | Colaborador
Periodista decano de la Fórmula Uno. Con 100 Grandes Premios en las pistas del mundo. Ha trabajado en radio, televisión, diarios y revistas. Ha publicado varios libros sobre el tema. Editor, enfocado sólo en el deporte de la velocidad suprema. www.topformula1.net
Se reputa una situación como monótona y se está adjetivándole peyorativamente ya que lo normal es entenderse que se trata de algo que pasa y resulta ser muy aburrido. Lo que no siempre es verdad absoluta. Apenas es una manera de quererlo ver así. Hay de unas monotonías a otras.
Cantidad de melómanos adoran El Bolero de Ravel aunque sea tenaz, repetitivo: porque de sus giros, dale que dale, brotan volutas de sensualidad y a la vez de hermosura. Puede adormecer, pero conmueve y acaba por estimular. Es inspiración pura.
Otra suerte de machacar con un sonsonete reiterativo y que es de agradecerse mucho, resulta cuando se crea un círculo virtuoso. Trabajar un teorema que diga y vuelva a tocar premisas para sustentarlo, no desmerece en nada el esfuerzo intelectual. Al contrario. La excelencia tiende a estar alimentada por actos muy bien hechos una y otra vez. Ad Nauseam.
El piloto alemán de Fórmula 1, Sebastian Vettel, es el feliz dueño de un pilotaje que raya en la perfección, y no es raro verle ejecutar carreras de coche como sinfonías. Obedientes a una partitura que desgrana en su pauta, movimiento tras movimiento: impasible. Impávido. Imperturbable. Absorto en la realización de una obra maestra. Y por lo tanto, invencible. Inimitable.
Carreras como la de hoy, en la carretera que une a las poblaciones belgas de Spa y Francorchamps de la que resultó ser el triunfador indiscutible el casco nacido en Heppenheim, llaman al asombro. Es capaz de realizar 44 giros al perímetro en que se juega, con una corrección asombrosa. Llena de todo refinamiento. Colmadas de primor deportivo. Es el más veloz. El que va delineando el trazado más ceñido a lo imposible. Ese que rueda sobre terrenos que ningún otro pisa.

Por eso, se explica que vaya llenando su fichero con marcas excepcionales. Su trabajo, como el de esta vez, es de una monotonía abrumadora y linda a la vez. Ejemplar. Lap por Lap haciendo lo correcto.
En tanto que los perseguidores, obcecados también, marchan con desesperación a la espalda de su auto, esperando el error. La distracción. La falla. Y nada de ello ocurre. No les queda más que verle fumar a los escapes de la nave del monarca en funciones.
No es la primera vez que en esta categoría surge un corredor con tales condiciones. Lleno de cualidades. Inflexible. Insistente. Pleno en su obsesión. Insaciable en aras del triunfo. Otros ojos vieron a Juan Manuel Fangio. Algunos más dichosos tuvieron frente a sí la delicia de gozar de las vueltas en las pistas de Jim Clark. Los recitales de Ayrton Senna, son de los que han quedado indelebles para siempre.

Como colofón de este elogio, hay que lamentar la mala pata que tuvieron al nacer otros ases cuando le tocó vivir también, a Sebastian en su época de timonero de los autos frenéticos.
Ni se ponga en duda que a través de esta nota se rinde admiración cada vez que lo merecen a: Fernando Alonso, o a Lewis Hamilton, o a Kimi Raikkonen; también a Jenson Button, por ejemplo. Son grandes pilotos. Pero al tricampeón más joven de la historia: hay que echarle de comer aparte. Es de otra galaxia.
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