Vettel destrozó las cábalas
POR: Ángelo della Corsa el Dom, 07 de Julio de 2013, 12:00 pm
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Ángelo della Corsa | Colaborador
Periodista decano de la Fórmula Uno. Con 100 Grandes Premios en las pistas del mundo. Ha trabajado en radio, televisión, diarios y revistas. Ha publicado varios libros sobre el tema. Editor, enfocado sólo en el deporte de la velocidad suprema. www.topformula1.net
Domingo de albricias ya que pasaron hechos inesperados. El tricampeón mundial más precoz de la Fórmula Uno encabezó la fragmentación de las jetaturas. Sebastian Vettel sobre los lomos de su INFINITI-Red Bull-Renault, nunca había ganado un Grand Prix en su tierra, y hoy lo hizo. Ninguno de sus 30 triunfos acumulados hasta hoy, había sido perpetrado en un mes de julio, y esta vez cayó.
No. No puso su pica en Flandes, sino que la encajó en el antes llamado “Infierno Verde” en el cual desde 1939 –cuando Rudolf Caracciola lo hizo, en la prehistoria de este deporte– ningún otro germano había conseguido ganar, y Vettel lo ha realizado. No fue una tarea fácil.
En ninguna de las ocho pruebas anteriormente dirimidas en lo que va del torneo, se le había atacado con tantas posibilidades de vencerlo a toda ley y en la pista, pero ha sucedido que sobre el asfalto del ring de Nurburgo, el alemán dictó una cátedra de magnífica conducción que pone más en claro –por si es que quedaba alguna duda– que se trata de un piloto súper dotado, de los que nacen bien pocos en cada siglo.
Se pasó por el arco del triunfo las estrategias más rebuscadas de los rivales; la pegajosa vigilancia que supusieron los pilotos de Lotus, alternándose, para ejercer esa presión ofensiva que durante todo el recorrido no se pudo Sebastian zafar; la salida de un SafetyCar ¿Qué faltó para hacerlo trastabillar? Nada. Todo se lo intentó y les ganó en cada vuelta.
La única forma para que hubiera perdido, la podría haber significado un error y no cometió alguno.
Por si fuera poco, la grandeza de su habilidad pilotando quedo cristalizada al verlo defender su liderato hacia el cierre de la carrera, subido en neumáticos –medios– probadamente inferiores que los de su perseguidor más aferrado y peligroso, que en cambio, calzaba gomas blandas y ocho giros recogidas más tarde que Vettel, lo que le daban clara ventaja a su rival finés. Pero ni así se pudo.
El corolario es claro pese a quien le vaya a pesar, en cuanto que sus contemporáneos, tendrán que conformarse –Fortiori– con ser tan sólo testigos de las hazañas que aún le faltan por dejar plasmadas al de Happenheim. Con el empeño, la concentración, la obsesión sublimada y la concentración impares que ha demostrado, una vez más, será muy difícil que algún hechizo lo vaya a hacer desistir. Va por todo, reventando cábalas y dándole en la progenitora a los prejuicios.
Por supuesto que Kimi Raikkonen y Romain Grosjean, quienes lo acompañaron en el podio, hicieron una gran labor al ataque. Pero eso es harina de otro costal. De lo que se trata en esta instancia es de reconocer el honor, a quien el honor merece. Porque Sebastian Vettel es un fuera de serie y eso, vale mucho la pena que sea destacado hoy y aquí.
Como las piezas tocadas por un virtuoso: tuvo un inicio formidable, trabajó muy bien la parte media e hizo un cierre espectacular para coronar una victoria de esas que rozan la perfección. Ahora, queda como líder del torneo con una renta mayor. Wunderbar.
Aclaración:
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