Enumeramos las prácticas que inevitablemente se adquieren después de haber sido cliente frecuente de este medio de transporte. Si reúnes estas nueve razones, te acompañamos en tu dolor.
1. Aprendiste a calcular el tiempo en horas metro
Todavía recuerdas aquellos buenos tiempos en los que un par de pesos te servían para atravesar la ciudad de punta a punta... ¡en menos de 45 minutos! Podría ser que tardaras hasta media hora en abordar el vagón, que alguna riña sacara de balance tu itinerario, o que un alma en pena decidiera acabar con su pena. A pesar de lo anterior, estabas seguro de que llegarías a tu destino en el tiempo programado. Excepto en horas pico o en temporada de lluvia. A partir de entonces piensas que siempre llegarás del metro Hidalgo a CU en media hora.
2. Te sabes todos los colores (y rutas) de las líneas del STCM (y sabes lo que significan las siglas STCM)
Uno, rosa. Dos, azul. Tres, verde. La de Insurgentes. La que te lleva al centro. La que llega a CU. De tanto usarla, generaste un mapa mental en el que instruiste a tu memoria a ubicar cada zona con un color. A partir de entonces, para tus amigos te convertiste en la Guía definitiva del usuario del Sistema de Transporte Colectivo Metro. Todo bien hasta ahí. El problema comienza cuando te das cuenta de que no tienes idea de cómo llegar a tu destino de otra manera que no sea subterránea.
3. Estás seguro de que en algún lugar de la línea 9 está la entrada al inframundo...
Has identificado el issue de cada estación. (Particularmente odias el transbordo de La Raza y el olor a cebolla de Merced). Pero no hay asunto que te genere más conflicto que el de la cantidad de escaleras que debes subir para salir de las estaciones de la línea naranja. Peor aún cuando no hay servicio de escaleras eléctricas. Cerca de 40 escalones por nivel (120 escalones en total), te separan de la tierra y el infierno. Cuando desciendes sientes como si estuvieras bajando los nueve niveles que te llevan al mundo de los muertos. Es tanto el cansancio de los usuarios que salen de las instalaciones con la lengua sudorosa.
4. Dominas que cada paradero es Tierra de nadie
Desde arriba solo ves una cantidad interminable de toldos de microbuses y lonas de puestos. Sabes que puede convertirse en un laberinto. Y que ahí el que manda jamás serás tú. Cada paradero tiene sus propias leyes: El caos imperante es sólo una parte del complejo entramado del que eres... nada (sí, bueno, tal vez sólo seas el individuo que compró una paleta de manita. O el que lleva diez minutos formado, esperando que le toque un lugar –sentado– en el camión). Jamás te pondrías al tú por tú con él: ¿Intentar descubrir por tu propio pie de dónde sale el micro que te lleva a la colonia Sutanita? ¿Creerte el Juan Camaney de los paraderos y caminar por sus pasillos de madrugada? Inténtalo y nos cuentas.
5. Has llegado a entender el verdadero valor de una bolsa de mano
No, no es el lugar en el que una mujer guarda todas sus curiosidades. Es su mejor amigo a la hora de conseguir asientos en primera clase (entiéndase primera clase como sólo tener el beneficio de viajar sentada y no apretada, revuelta entre axilas apestosas, panzas estorbosas y manos vertiginosas). También hay quienes no confían en su bolso y deciden ser aventarse hacia dentro ellas mismas.
6. Adquiriste la habilidad de instalarte en modo avión cuando la supervivencia así lo exige
*Modo avión: "Estado en el que entra una persona cuando decide romper con el exterior". Convertirse en autómata es una de las habilidades que desarrolla aquel que pasa más de diez horas a la semana dentro del metro. Seguro has experimentado cómo entras siendo una persona y en el trayecto te vas convirtiendo en una especie de bulto, que cree saber a dónde quiere llegar pero ha perdido la posibilidad de lograrlo. Lo más común es que todos los otros sujetos que te rodean también instaladísimos en el modo avión.
7. Has aprendido técnicas modernísimas para conservar el equilibrio
Lo ideal sería que se respetara el espacio vital de cada quien, pero la sobrepoblación y el sentido de la urgencia (además de ese maldito factor, mejor conocido como impuntualidad mexicana) vuelven a esta expresión motivo de carcajadas. ¿Espacio vital? Jajajaja. Justo eso. Haz memoria y piensa que tú también has sido un pinito de boliche que da vueltas sobre su propio eje mientras está rodeado de cuerpos que hacen lo mismo. Haber aprendido a viajar sin dar tumbos por el tren nos hace reconocer en ti un alma vagonera.
8. Si te lo pidieran, podrías desarrollar un tutorial de: abstráigase de su entorno en tres sencillos pasos
Ah, los audífonos. Ese bonito artefacto que enmudece los gritos del socorro del entorno y la contaminación auditiva generada por los vagoneros. Ah, tu libro. Ese precioso que te traslada a muchos y muy variados lugares, lejos de aquella turba que corre, se enoja, se avienta. Y qué decir de borrar a la multitud de tu camino y sortear a paso veloz todos esos cuerpos que se interponen entre tú y tu destino: una pieza de Tetris te envidiaría. A partir de tus años de experiencia en este tema de supervivencia, aprendiste a no salir de casa sin ninguno de ellos.
9. Adiestraste a tu cuerpo para lograr estirarlo y comprimirmo cuando así lo desees
Puede que no entres en ese pantalón talla 7, pero ¿quién te dijo que no cabías en un espacio de 25 centímetros cuadrados? Cada vez que traspasas la barrera del andén sabes que grandes aventuras ocurrirán: serás levantado por la multitud, arrastrado hasta el fondo del vagón, arrinconado por propios y extraños, embarrado en la puerta, ingerido; todo eso mientras te conviertes en un amasijo de desesperanza porque la estación en la que debías bajar, ya pasó.
10. Los verdaderos Héroes viajan en Metro
El 19 de septiembre de 2017, fue uno de los días más difíciles en nuestra historia. Héroes salieron a las calles para retirar escombro, ayudar a repartir víveres, transportarlos, informar sobre lo que pasaba, y compartir palabras y abrazos porque somos mexicanos. El metro se volvió clave para mover a todos ellos por la ciudad y gracias a su gratuidad todos estos héroes pudieron llegar a sus destinos.
*Fotos: Especial