Sonoro triunfo de Rosberg en Silverstone

POR: Ángelo della Corsa el Dom, 30 de Junio de 2013, 05:13 pm

Sonoro triunfo de Rosberg en Silverstone. Foto: Getty Images +6 VER GALERÍA
Ángelo della Corsa

Ángelo della Corsa | Colaborador

Periodista decano de la Fórmula Uno. Con 100 Grandes Premios en las pistas del mundo. Ha trabajado en radio, televisión, diarios y revistas. Ha publicado varios libros sobre el tema. Editor, enfocado sólo en el deporte de la velocidad suprema. www.topformula1.net

Habrá que entender bien a bien a la nueva Fórmula Uno. Medio calladito la boca, pero haciendo miles de peripecias, el zar de este deporte, Bernie Ecclestone, determinó que serían unas competiciones para congregar la mayor audiencia nunca antes pensada. Se trató desde hace unos años (cuando empezó la crisis financiera mundial para más exactitud) de que este arte tecnológico de alta velocidad, espectáculo masivo y formidable negocio: fuera más apetitoso para participantes y para los patrocinadores. Instinto puro de supervivencia.

 

La mecánica consistió en cambios en apariencia elementales, pero determinantes para enriquecerla. Mucha animación televisiva. Mejor difusión por todos los medios y cuidado muy celoso de la imagen. Que privara el espíritu del FairPlay. Todos coludos o todos rabones. 

 

Habría que enterrar hegemonías longevas y triunfos nada más en manos de Ferrari o de McLaren. De paso, terminar con blasones como el de Williams. Nació por ello, el fenómeno planetario que se abrevia con dos palabras zoológicas: Red Bull. Un animal rojo.

 

Luego sobrevino la posibilidad de que los nuevos “revolucionarios” quisieran propasarse y ser amos y señores del pastel eternamente, a la vieja usanza.

 

No. No se lo permitiría a ninguno más y por eso se inventó un agente revulsivo. Y de hule. En efecto, que los neumáticos fueran un trabalenguas imposible de descifrar. Se llamó a Pirelli para que en base a las formulaciones más inesperadas y caprichosas, fuera obteniendo y suministrando gomas de modo tal, que nadie pudiera ser el dueño de la verdad. Que cada equipo tuviera que “desencriptar”, carrera por carrera, cómo resolver un imposible galimatías.

 

Se mandó a una instancia secundaria la habilidad tecnológica. Las ciencias exactas se metieron a las gavetas. Aunque se gastara mucha plata, no se podría conformar una armada invencible. Casi casi, que cualquiera pudiera ganar en las situaciones más impensadas. Más bien, en adelante habría que determinar los reglajes de los coches, consultando el horóscopo, o el vuelo de los pájaros, tal vez mirando con suma atención a una bola de cristal.

 

Eso explica que McLaren o Williams no puedan recuperar la gloria pasada tan fácilmente. Que en Sauber, no sepan dónde está la salida del laberinto. Que Ferrari tropiece inesperadamente. Que Lotus mal empiece a levantar el  vuelo, y caiga de súbito. Que Mercedes, dilate hasta más de tres años para encontrar un procedimiento que fructifique. O que por fin, INFINITI-Red Bull, muy a pesar de sus indiscutibles habilidades, tenga que tropezar, y de manera casi infantil.

 

Vettel debería de haber ganado la carrera hoy, y no. Es que en todo caso, tenía mano Hamilton, y no. Raikkonen no tenía impedimentos para trepar hasta lo más alto, y no. Los de McLaren debieron aprovechar que tocaban los dinteles de la gloria, y no. Daniel Ricciardo o Adrian Sutil darían la sorpresa, no y no.

 

Las carreras de hoy exigen otra lectura, porque son otro texto en otro contexto. Toro Rosso, de pronto se ve protagonizando. Force India se vuelve hasta amenazadora. Ferrari se contempla humillada y Mercedes triunfa. INFINITI termina con anteojeras en una justa.

 

Lo imprevisto cuajó. Y eso que no se estima, lo que no se presupuesta: ha ocurrido.

 

Se quiere y se requiere que los nuevos espectadores queden asombrados. Que se hable más y se averigüe mucho. Que un bisoño, pueda profetizar y que el que es sabihondo, caiga redondito. Vamos por más cantidad. Que la calidad se volverá a refinar algún día. El Show debe de seguir aunque no tenga pies ni cabeza.

 

Las gomas de Pirelli no sirven. Pero cómo no van a servir si de 22 autos que inician la carrera, la terminan 18.

 

Pero es que las llantas estallan. No. No le estallaron a Nico Rosberg, ni a Mark Webber, ni a Fernando Alonso, ni a Kimi Raikkonen, ni a Ricciardo o a los de Force India, ni a Jenson Button.

Para fines prácticos y llegada de más fieles a la religión de las revoluciones por minuto: la carrera terminó con un cierre apasionante y subieron hasta el podio grandes pilotos. De los mejores que hay en liza. Si perdieron Vettel o Hamilton es bueno para cifrar más expectativas.

 

Debe verse lo ocurrido sin hacer alharaca. Concederse que el campeonato se puso más a tono. Que Alonso pudo salvar el rabo y tiene que apurarse para que la guerra siga, porque apenas una batalla más se libró.

 

Mercedes ha llegado ya de cuerpo entero a las disputas. Hamilton, y Massa, y Pérez, y Vergne tendrán que cuidar los cauchos, más a la manera de como lo hacen sus mancuernas. Es decir, manejar mejor.

 

Y el campeón en funciones, debe rogar mucho con los ojos vueltos al Nirvana, para que no se le vuelva a presentar otra de malas. Pero entiéndase que debe de suceder y va a serlo.

 

De lo que se trata es de darle dramatismo, por el bien de todos los interesados.

 

¡Forza Pirelli haciendo trastadas! Que el clasicismo algún día volverá a su lugar.

Aclaración:
El contenido mostrado es responsabilidad del autor y refleja su punto de vista, mas no la ideología de jediteam.mx

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