Pedro Rodríguez la máxima estrella mexicana
POR: Marco Robles el Dom, 11 de Julio de 2021, 09:52 am
Marco Robles | Colaborador
Periodista automotriz, amante de la pasta, el beisbol, los autos, los días fríos, el whisky y los buenos momentos
El gran Moisés Solana afirmaba que él y los Rodríguez corrieron en una época en la que “el sexo era seguro y las carreras peligrosas”.
Pues a mediados del siglo pasado el deporte motor era una actividad extrema que coronaba grandes campeones y reunía en la parrilla de salida a algunos de los hombres más valientes del mundo, adictos a las altas emociones, la velocidad y el peligro. Pedro Rodríguez de la Vega era uno de ellos.

El 11 de julio de 1971, el circuito callejero de Núremberg le arrebató la vida al piloto más grande que ha dado este país, un hombre que daba el máximo y que siempre estaba peleando por la victoria en cualquier bólido que le dieran.
Él y su hermano Ricardo, fueron los primeros grandes embajadores de México en el deporte motor, dos pilotos que le llenaron el ojo a personajes como Enzo Ferrari y Colin Chapman, dos mexicanos que en lugar de sangre tenían gasolina.

Desde muy pequeño Pedro, el segundo de cinco hermanos, mostró sus cualidades como piloto, pues fue campeón nacional en carreras de bicicletas y motos, categorías donde compitió desde los ocho años.
Su padre, Pedro Natalio Rodríguez, era un hombre con muy buena solvencia económica, que lo ayudó a impulsar la carrera de sus dos talentosos hijos (Pedro y Ricardo), quienes hacia finales de los 50 comenzaron a dar sus primeros pasos importates en el automovilismo deportivo.

Los resultados de ambos y la cercanía de su padre con el presidente Adolfo López Mateos hicieron que el mandatario aprobara el proyecto de construcción de una pista de carreras en el parque de la Magdalena Mixhuca.
El debut internacional de Pedro se dio en la Bahamas Speed Week de 1957, donde compitió con un Ferrari 500 TR en la Nassau Trophy, carrera que abandonó por una rotura en el auto, pero la semilla estaba puesta y nada detendría al piloto capitalino en la búsqueda de la gloria.

Al año siguiente brincó a Europa y planeaba correr junto a Ricardo las 24 Horas de Le Mans de 1958, desafortunadamente su hermano era menor de edad y los organizadores no lo dejaron competir, por lo que debutó con José Behra como su coequipero, alternando el volante de su Ferrari TR 58 hasta el quinto lugar al final.
Tras años compitiendo juntos y convertidos en la nueva sensación del automovilismo mundial, Ricardo perdió la vida el 2 de noviembe de 1962 en las prácticas del primer Gran Premio de México, lo que afectó gravemente a Pedro, haciéndolo pensar seriamente en el retiro.

Sin embargo, el amor por el motor es algo inexplicable y para la temporada de 1963 el mexicano estaba de vuelta para pelear siempre por lo máximo, y ese año debutó en la Fórmula 1, corriendo los Grandes Premios de Estados Unidos y México en un Lotus 25, pero abandonó en ambas carreras.
Si bien, la máxima categoría ya era un serial muy importante, Pedro seguía más enfocado en las carreras del Campeonato Mundial de Sportcar, donde era uno de los pilotos consentidos de Enzo Ferrari, pilotando los 250 GTO, 330 P, 330 GTO y 365 P2, consiguiendo varias victorias con ellos.

Para muchos sus triunfos con el Porsche 917K lo convirtieron en un icono de la marca, lo cierto es que Rodríguez fue mucho más cercano a Ferrari, aunque sus mayores glorias las logró fuera de la Scudería.
En 1967, ya con 10 años en el automovilismo internacional, Pedro comenzó a tener una madurez en su manejo que lo llevó a ser piloto de tiempo completo de Cooper en la Fórmula 1, ganando el primer GP de ese año en Sudáfrica, su primera victoria en la máxima categoría.

Un año más tarde, su carrera en F1 seguía en ascenso, sumando tres podios y el cuarto lugar en el Gran Premio de México, carrera a la que llegó sólo unas semanas despues de haber ganado las 24 Horas de Le Mans a los mandos de un Ford GT 40, con el belga Lucien Bianchi.
Entrando a los años 70, el mexicano era infaltable en las mejores parrillas de salida del automovilismo mundial, un hombre que ya tenía la fama de ser el mejor piloto en lluvia y uno de los más veloces y finos en seco.

Así, junto al equipo John Wyer Automotive Engineering, con el que había corrido en inumerables competencias, incluida su victoria en Le Mans, comenzó a correr con el Porsche 917K en el Campeonato Mundial de Sportcars, donde arrasaron desde la primera carrera, consiguiendo los títulos mundiales de 1970 y 1971 gracias a 8 victorias del mexicano.
Las llamas lo convirtieron en una leyenda del automovilismo mundial, un orgullo mexicano.
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