Por qué las mujeres amamos la Nascar

POR: Actitudfem el Jue, 12 de Junio de 2014, 11:23 am

Por qué las mujeres amamos la Nascar. Foto: Actitud FEM
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Este fin de semana me paré por primera vez en el autódromo para disfrutar de NASCAR Toyota Series. No es que no me gusten los carros, se tanto de llantas y aceite como cualquier chico, simplemente no le había encontrado el gusto a sentarme a ver cómo los coches dan vueltas. ¡No sabía de lo que me estaba perdiendo! Originalmente pensaba contarles por qué deberíamos acompañar a nuestros chicos a NASCAR, pero (como siempre) lo que aprendí es que no necesitamos de un hombre que nos lleve a las carreras.

 

Claro que es una divertidísima actividad para hacer en pareja. Desde que llegas a buscar tu lugar ves a las familias emocionadas, fluyen los drinks para bajar el calor y subir la emoción, se preparan los coches y, si tienes la suerte de sentarte junto a alguien que sabe de esto (como nosotros que fuimos invitados por Toyota) te vas adentrando en el mundo de las carreras de coches desde mucho antes de que arranquen.

 

Es súper interesante conocer la tradición de estas carreras, desde el silencio que hacen para que los conductores puedan rezar antes de arrancar hasta el siempre presente himno nacional. Llegar temprano te da la oportunidad de enterarte un poco de la historia de los conductores, de su trayectoria, de los coches que van a correr.

 

Cuando llegamos a la suite de Toyota nos entregaron una linda playera (para vernos muy ad-hoc) y unos tapones para los oídos. No entendí la necesidad de los tapones hasta que, al inicio de la carrera, los coches pasaron por donde estábamos sentados por primera vez.

 

El ruido de los motores es ensordecedor. Escalofríos recorren tu piel de lo imponente que es el ruido que puede hacer un carro a esa velocidad. En un abrir y cerrar de ojos ya se fueron, y con expectativa sostienes el aliento por unos cuantos segundos hasta que vuelven a pasar. Son 150 vueltas, y en ningún momento te acostumbras a la potencia de los coches.

 

No es sólo la emoción de verlos correr y rebasar, son los choques (que aunque rara vez son fatales, siempre impactan) y la rapidez con la que los pilotos se enteran del accidente y reducen la velocidad hasta que la bandera cambia de amarillo a verde. La increíble habilidad que tienen los mecánicos para cambiar llantas, llenar de gasolina y regresar a los carros al “ruedo” es de admirarse.  Cuando se han cumplido la mitad de las vueltas ves a la gente respirar tranquila, es una carrera oficial y, llueva, truene o relampaguee, los resultados cuentan.

 

Entonces comienzas a soltar el cuerpo y a observar con ansia el paso de los carros y las pantallas. Para este momento ya vas en tu segundo (o quinto) vaso de lo que sea que estás tomando y todo se intensifica. En el radio puedes escuchar a los conductores hablando con sus equipos de cuántas vueltas pueden dar antes de necesitar más gasolina o qué coches no se han detenido.

 

Para ese momento ya tienes a tu favorito, y no quieres ni levantarte del asiento por un segundo porque ves cómo le pisa los talones (o la defensa) al carro que va adelante. Sabes que quedan pocas vueltas, quien va en primer lugar no se deja rebasar y empiezas a sudar frío porque sabes que un error en cálculos, por más pequeño que sea, a esas velocidades puede ser fatal. Aquí ya no hay un momento de silencio, los coches que van más adelante alcanzan a los rezagados, llevándoles una vuelta de ventaja. Escuchas el cuchicheo porque sabes que es la última vuelta. Hay un claro ganador, y aún si no es tu favorito te llena de emoción verlos llegar a la meta.

 

Y de pronto, tan veloz como comenzó, todo termina. La gente se abraza, personas corren a la pista, el confeti explota y ves al triunfador dar una vuelta en su coche mientras saluda a los asistentes.

 

Es momento de irte, con la garganta inflamada de tanto gritar y la cabeza ligera después de una buena tarde de diversión entre adultos (aunque los niños también son bienvenidos).

 

Mientras caminaba entre la gente tomada del brazo de mi novio me di cuenta de que no podía enumerarles las razones por las que deberíamos “acompañar” a nuestros novios a la NASCAR Toyota Series, simplemente porque estaba igual o más emocionada y contenta que él.

 

No tienes que ser una amante de coches para disfrutar de esta actividad, es una diversión de fin de semana a la que sólo podemos asistir un par de veces al año y vale mucho la pena. La próxima vez que tengas la oportunidad de ir al autódromo, ¡no la dejes pasar! Sólo recuerda el protector solar y la buena compañía, sin duda la pasarás increíble.

 

Tienes que ver este Audi A3 que es el más potente que seguramente hayas visto:

 

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