Conoce el legado de Bruce McLaren a 50 años de su partida
POR: Marco Robles el Mar, 02 de Junio de 2020, 05:50 pm
Marco Robles | Colaborador
Periodista automotriz, amante de la pasta, el beisbol, los autos, los días fríos, el whisky y los buenos momentos
El 2 de julio de 1970 el circuito de Goodwood le arrebató la vida a Bruce McLaren, pero lo hizo en el lugar en el que se sentía más feliz, al volante de un monoplaza de carreras. El neozelandés no sólo es el fundador de McLaren, también fue un hombre visionario que superó la adversidad en la niñez y se convirtió en una leyenda del automovilismo mundial.
Bruce Leslie McLaren nació el 30 de agosto de 1937 en Auckland, Nueva Zelanda. Desde niño afirmaba que iba a ser piloto de carreras y en el taller de su padre aprendió mucho sobre mecánica e ingeniería automotriz.

A los 20 años llegó a Europa de la mano del equipo Cooper (y su súper estrella, el australiano Jack Brabham) al obtener una beca para jóvenes pilotos. Así comenzó la andanza de uno de los hombres más innovadores de su época, quien con un grupo de amigos neozelandeses comenzó el sueño de dejar su nombre en la historia.
Con el equipo Cooper, uno de los mejores del momento en la Fórmula 1, se comenzó a hacer de un nombre, primero al finalizar quinto en el Gran Premio de Alemania de 1958 manejando un Fórmula 2, un año más tarde con su victoria en el Gran Premio de Estados Unidos, celebrado en la pista de Sebring, misma que lo convirtió en el piloto más joven (hasta ese momento) en ganar una competencia de la máxima categoría.

Su talento y visión lo llevó a comenzar a fabricar sus propios autos de carreras y fundar en 1963 la Bruce McLaren Motor Racing Ltd. misma que se mantuvo en varios seriales como equipo de Cooper, por el contrato de Bruce con la firma británica.
Sin embargo, muy pronto descubriría la mina de oro en el automovilismo estadunidense, donde sus autos más ligeros y avanzados tecnológicamente arrasaban en todas las pistas de carreras donde se presentaban, haciendo que los pedidos de monoplazas se apilaran.
Adicional a ello, ganaban dinero haciendo pruebas de desarrollo para llanteras y trabajó a fondo en el proyecto de mejoras del Ford GT40, con el que ganó en 1966 las 24 Horas de Le Mans, consiguiendo materializar el sueño de Henry Ford de derrotar a Ferrari en la cita francesa.

McLaren dominó la serie Can-Am (en Estados Unidos y Canadá) cinco años consecutivos, entre 1967 y 1971, mientras seguía empujando con todo a su equipo de Fórmula 1, que desde 1966 llevaba su apellido.
El 9 de junio de 1968 quizá pudo ser el día más feliz de su vida, cuando al volante del McLaren M7A consiguió la primera victoria del equipo en Fórmula 1, un logro que le costó años de trabajo y sobre todo, horas y horas de esfuerzo ya que todos afirman que era un genio incansable, un hombre que siempre estaba buscando mejorar sus autos, hacerlos más rápidos y más ligeros.
En febrero de 1964, tras el fallecimiento de su coequipero y amigo Tim Mayer, al volante de uno de los primeros autos que construyó él, McLaren escribió un obituario que quedó para la historia.
“La noticia de que murió al instante fue impactante para todos nosotros, pero quién va a decir que no vio más, no hizo más y no aprendió más en estos pocos años que mucha gente en toda su vida. Hacer algo bien vale tanto la pena, que morir tratando de hacerlo mejor no puede ser insensato. Sería una pérdida de vida no hacer nada con la capacidad que uno tiene, porque siento que la vida se mide en logros, no solo en años”.

Y así fue, Bruce siempre buscó hacer más con lo que tenía.
La muerte encontró a Bruce McLaren el 2 de junio de 1970 pasado el medio día. Por la mañana había regresado de Estados Unidos y se dirigió de inmediato a la pista de Goodwood para seguir trabajando en el desarrollo del McLaren M8D, para la serie Can-Am. Los reportes indican que salió de los pits a las 12:19 p.m. y segundos más tarde, a alta velocidad sobre la recta Lavant, la parte trasera del auto perdió adherencia, haciendo que el auto hiciera un trompo y saliera sin control de la pista. El M8D se deshizo al estrellarse contra un puesto de bandereros, que desde hacía meses atrás debía haber sido demolido.
Apenas 32 años le valieron para convertirse en una leyenda del deporte motor y para sentar las bases de uno de los equipos más importantes y exitosos de la Fórmula 1.
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