La sangre azul de un monoplaza de la F1 está en el auto que conduces
POR: Marco Robles el Lun, 08 de Octubre de 2018, 07:30 pm
Marco Robles | Colaborador
Periodista automotriz, amante de la pasta, el beisbol, los autos, los días fríos, el whisky y los buenos momentos
Los combustibles y los lubricantes son fluidos de gran relevancia en cualquier motor y más si este gira a más de 12 mil revoluciones por minuto y es sometido a grandes cargas de estrés dentro de los propulsores de la Fórmula 1.
Es por ello que todos los equipos recurren a empresas especialistas en estos fluidos, para desarrollar la gasolina y los aceites para sus monoplazas. Total, Castrol, Mobil, Shell y otras firmas destinan millones de dólares en investigación y desarrollo para crear las mejores fórmulas y así ayudar a las escuderías a poder ganar carreras.

Fotio: Especial
A pesar de lo que podríamos pensar de estos desarrollos, muchos de ellos tienen un enfoque pensado en poder llegar en poco tiempo al mercado. Quizá no con la fórmula al 100% como son utilizados en las pistas de carrera, pero sí con varios componentes y fórmulas derivadas de éstos.
La FIA obliga a los productores de gasolina a que su combustible sea muy cercano al que venden en las estaciones de la calle (se habla de más de 95%), para reducir los gastos y fomentar que los desarrollos de la máxima categoría sean útiles para el mundo del motor.

Foto: Especial
En los inicios del automovilismo, los equipos realizaban mezclas de diferentes compuestos e incluso llegaban a utilizar combustible para avión, buscando el máximo desempeño de sus autos y extraer todos caballos posibles, lo que representaba grandes gastos y mezclas muy peligrosas, que no tenían ningún fin comercial.
Las reglas de la FIA indican que a esta gasolina convencional, generalmente basada en el mejor combustible que la firma vende, se le pueden agregar algunos aditivos para aumentar su octanaje y algunas otras mejoras basadas en el comportamiento propio de un motor de Fórmula 1, con los que se sigue buscando aprovechar al máximo el desempeño, pero también, protegerlo.
Hace unos años Fernando Alonso (cuando corría con Ferrari) realizó una prueba en la pista de Fiorano, Italia, con el Ferrari de la temporada 2009.

Foto: Especial
Después de cuatro vueltas, utilizando gasolina de carreras, marcó un mejor tiempo de 1:03.950 minutos, luego vaciaron el tanque y lo rellenaron con gasolina de calle para que volviera a salir a la pista, y sorpresivamente el tiempo sólo fue nueve décimas de segundo más lento.
Aunque el combustible de F1 ofreció una aceleración más rápida, la gasolina convencional le permitió a Alonso alcanzar una velocidad máxima mayor al final de la recta, lo que nos muestra la cercanía de estos hidrocarburos.
LOS LUBRICANTES
Del lado de los aceites la historia es un poco diferente porque las fórmulas sí tienen una composición más experimental y costosa, aunque muchos de estos componentes llegan a nuestros automóviles dentro de los aceites sintéticos.
Pero no sólo el aceite del motor es puesto a prueba, también el de la transmisión y otras partes esenciales de gran desgaste, los mismos que deben mantener su capacidad de lubricación y refrigeración durante las duras tandas en pista.
Después de cada sesión de un Gran Premio, los ingenieros toman varias muestras de estos fluidos y las analizan mediante un espectrómetro, con el que se buscan materiales sólidos (metales) que puedan revelar algún tipo inusual de desgaste.
Toda esta información se va llevando a los laboratorios principales y le funciona a los ingenieros que desarrollan los aceites para vehículos de calle, para mejorar sus productos actuales o bien lanzar nuevos.
El laboratorio de la Fórmula 1 es uno de los mejores lugares para desarrollar productos de alto desempeño y también para mejorar otros como la gasolina.
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