Cómo el machismo retrasó cien años la llegada de los coches eléctricos
POR: Diego Pérez el Lun, 13 de Junio de 2016, 01:49 pm
Diego Pérez | Colaborador
Yo también vivo en esta ciudad... y la padezco Twitter: @icariito
Primitivos pero eléctricos. La idea de un coche propulsado por baterías parece un artificio tecnológico moderno. Una solución para controlar los niveles de emisiones contaminantes en las ciudades, algo que cambiará el curso del mundo. Lo cierto es que los coches eléctricos son más antiguos que los de gasolina y hace cien años, eran incluso, más populares.
¿Qué pasó con la popularidad de los coches eléctricos?
Los carruajes impulsados –literalmente- por caballos aún eran considerados el tipo de transporte más eficaz entre las clases acomodadas de las grandes ciudades. Ya les habíamos contado que Karl Benz inventó en 1885 el primer automóvil de combustión interna.

Estación de carga de coches eléctricos de 1909. Foto: SCHENECTADY MUSEUM
En 1832 el inventor Escocés Robert Anderson inventó el primer carruaje eléctrico. Apenas tres años después, Sibrandus Stratingh de Groninga en Holanda, comenzó a construir a escala reducida, algunos vehículos de características similares. Ese mismo año, el estadunidense Thomas Davenport, construyó otro coche eléctrico.
Incluso se tienen registros de que en 1915 en Nueva York, una compañía de taxis eléctricos dio servicio por varios años.
¿Qué sucedió?
Cuando las calles comenzaron a llenarse de automóviles, se encontraban tres principales tipos de propulsión: el vapor, cuya naturaleza lo hacía una opción incómoda. En invierno los tiempos de calentamiento eran largos y la necesidad de llenar constantemente con agua la caldera de su motor, reducía en mucho su autonomía.
Los de gasolina, tenían como gran defecto lo complicado que era conseguir combustible, además de que durante su funcionamiento se emitía mucho humo –no distinto a algunos coches en estado deplorable en la actualidad-, y el ruido de sus motores los hacían poco prácticos.

Porsche P1 de 1898. Foto: Especial
Finalmente estaban los coches eléctricos. Eran más cómodos, fáciles de manejar y gracias a la adopción creciente de electricidad en las ciudades, su recarga era sencilla. Sin embargo, por algún motivo fueron considerados coches aptos para las mujeres.
Durante las pruebas de manejo, en comparación con otros vehículos, los eléctricos requerían menos fuerza para ser maniobrados. No sabemos si los hombres de aquel entonces equiparaban lo complicado como un sinónimo de virilidad, lo cierto es que comenzó a decirse que estos vehículos eran ideales para mujeres.
Pese a que las campañas publicitarias de estos coches buscaron quitar a toda costa esta percepción (sin añadir lo que hubiese ocurrido de derrotar al vehículo de gasolina como la carta fuerte de la industria automotriz), en aquellas épocas resultó imposible que los varones se identificaran del todo con este tipo de coches.
La compra de vehículos era realizada –principalmente- por varones. Adquirir un coche eléctrico fue visto como un lujo innecesario pese a sus claras ventajas respecto a los de gasolina. Por lo que poco a poco fueron relegados al olvido, ningún hombre respetable debería conducir un "auto para mujeres débiles".
La estocada final
Nacido en una familia humilde en Detroit, Estados Unidos, Henry Ford cambió la historia de la industria y le dio a los coches eléctricos –al menos por más de cien años-, la estocada final. En su juventud trabajó como ingeniero en la empresa de Thomas Edison. En esta etapa aprendió mucho de los motores de vapor y comenzó a experimentar con los motores de gasolina.
En 1903 fundó la Ford Motor Company y tras la aparición del Ford T, en conjunto con sus constantes mejoras al funcionamiento del motor de combustión interna, logró la fabricación de los motores más potentes de la época.

Por si no lo ubican, el Ford T. Foto: Especial
Esto en conjunto a su cadena de producción, provocó que se relacionara con calidad a la automoción de gasolina, sus innovaciones fueron adoptadas por otras empresas automotrices, y pronto los eléctricos resultaron precarios en comparación a estas nuevas máquinas.
Así, durante años, los coches eléctricos se fueron a la banca. Más de cien años después toman revancha como una posible solución al control de emisiones contaminantes.
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