Nico Rosberg, el alquimista de la Fórmula 1

POR: Ángelo della Corsa el Dom, 26 de Mayo de 2013, 06:24 pm

A punto de contar los 28 años, de los cuales lleva ocho en esta liga suprema del vértigo, Nico acaricia su segundo triunfo y escritura a favor de su equipo el onceavo trofeo que los acredita como ganadores en El Circus Máximus. Foto: Getty Images
Ángelo della Corsa

Ángelo della Corsa | Colaborador

Periodista decano de la Fórmula Uno. Con 100 Grandes Premios en las pistas del mundo. Ha trabajado en radio, televisión, diarios y revistas. Ha publicado varios libros sobre el tema. Editor, enfocado sólo en el deporte de la velocidad suprema. www.topformula1.net

Ni a todos los mortales se les ha dotado de ese atributo que consiste en transformar la materia como lo soñó delirante la alquimia medieval. Nico Rosberg, el conductor alemán de autos de Fórmula 1, sí es de esa índole de iniciados y lo ha conseguido. La plata hecha oro. Gracias a la obra de arte tejida este fin de semana en Mónaco.

 

Sobre su auto Mercedes W-04, llamado La Flecha de Plata, tuvo la gracia de hilar una bizarra hegemonía que consistió en adueñarse de los tres mejores cronos en los ensayos libres preparatorios; luego, en imponerse como el primero en las calificaciones para ordenarse en las filas de la largada; y por fin, hacer una carrera perfecta, imperturbable: que lideró desde la salida inicial de la parrilla hasta llegar a la bandera de ajedrez.

No es que hubiese ganado cualquier carrera en un sitio cualquiera. Es que se alzó con la victoria en la tierra de los príncipes y de las princesas, en el cual: llegar, ver y triunfar no es cosa de todos los días. Es más bien una de esas epopeyas del deporte, de las que justifican una vida entera.

 

A punto de contar los 28 años, de los cuales lleva ocho en esta liga suprema del vértigo, Nico acaricia su segundo triunfo y escritura a favor de su equipo el onceavo trofeo que los acredita como ganadores en El Circus Máximus.  

 

No nada más el timón nacido en Wiesbaden, bajo el influjo del signo de cáncer ha ganado. Lo ha hecho, y por la puerta más grande que se puede imaginar, la firma del automóvil con la estrella de tres picos: tierra, mar y aire; como pensaron alguna vez que sería su dominio.

Mercedes-Benz acaricia de nuevo el anhelo de ser como los mejores, y parecerlo. Se dice fácil.

 

Mónaco también sale airoso. Su leyenda crece bárbaramente.

 

Se habla de que su Grand Prix es una carrera de autos especial. Es mucho más que eso. Es el símbolo pagano de occidente; a lo que culturalmente, obedece toda raza que no tenga los ojos rasgados, y que se llama con contundencia, lo occidental.

Nacido de Europa, el principado, quedó en el viejo continente que alguna vez casi fue liquidado. Hubo sin embargo, otro renacimiento después de 1945 y, fue cuando Mónaco se izó como el farallón del poder material frente a las fuerzas de lo divino, El Vaticano.

 

Montecarlo es un diamante. Un perfume intenso. La botella de champaña. El golpe más fuerte en la mesa de bacará. Una mujer llamada Romy Schneider. La piscina.

Y aquí vino a inscribir su nombre con letras de oro Nico Rosberg sobre esa flecha, hoy de oro; aunque se vea plateada, y que se llama en femenino: Mercedes. Obra de la alquimia.  

Aclaración:
El contenido mostrado es responsabilidad del autor y refleja su punto de vista, mas no la ideología de jediteam.mx

¿Qué opinas?

Más de Atracción360