Lewis Hamilton, el Poleman de F1

POR: Ángelo della Corsa el Sáb, 24 de Agosto de 2013, 02:41 pm

Lewis Hamilton, el Poleman de F1. Foto: Getty Images
Ángelo della Corsa

Ángelo della Corsa | Colaborador

Periodista decano de la Fórmula Uno. Con 100 Grandes Premios en las pistas del mundo. Ha trabajado en radio, televisión, diarios y revistas. Ha publicado varios libros sobre el tema. Editor, enfocado sólo en el deporte de la velocidad suprema. www.topformula1.net

Mire que el comunismo heredó su costumbre más insípida a la humanidad: los lugares comunes. Pocas expresiones tan zonzas como esa de articular lo que todo mundo espera, lo que no habría  de decirse, y eso es lo que fatalmente se escucha. La frase hecha. Un blanquillo, caramba.

 

Así las cosas, porque suele comentarse como si nada, que en el tramo carretero vecinal entre Spa y Francorchamps en Bélgica, está una de las catedrales el automovilismo deportivo.

 

Sí ¿Y qué? Pues que se ha hecho una realidad tan evidente, que trasciende con mucho ese vulgarísimo lugar-comunista. La catedral por arte de las circunstancias se vuelve basílica planetaria. Más aún, se convierte en el centro espiritual y moral del vértigo que da la rapidez arriba de un auto. Momento y lugar para adorar a plenitud a Niké la diosa eterna de la velocidad. No hay que romperse mucho la cabeza: se la puede ver casi de cuerpo completo en la estatua mutilada y eterna de la bella Victoria de Samotracia.

 

 Y si las deidades bien que hacen su parte. En otro tenor más terreno, los mortales elegidos por los santos cielos son quienes complementan las hazañas. Tenía que ser Lewis Hamilton, y nadie más, el ungido para elevar las loas. Para rendir pleitesía a un héroe de los tiempos actuales. Y vaya que las merece con sobra.

 

Durante su paso por McLaren, Lewis, dejó prueba del enorme talento que lo distingue. Empieza esta temporada. Cambia de aires. Es duramente criticado por abandonar el nido e ir a jugar el albur en un equipo sobradamente frustrante en el cual, un multi-monarca mundial, sufrió cualquier cantidad de decepciones. Llega a Mercedes AMG apenas como agente revulsivo y ¿Qué es lo que hace el británico? Cambiar la onza de oro. Darle vuelta a la tortilla. Para entonces poner a la diosa del triunfo, a su equipo y así mismo en los cuernos de la luna. Carambolas y caracoles. Recórcholis una Rara Avis.

 

La crónica de un alumbramiento más que anunciado: una advertencia girada detrás de la otra. Es el polero máximo de esta campaña con cinco Cuerdas de Privilegio en su haber de once posibles; dueño de una posición promedio durante el año para la largada muy cerca de ser el segundo todo el tiempo. Y para rematar, con un triunfo reciente en Hungría donde dejó patente entrever que ganará más lauros en las nueve fechas que le faltan al calendario de la F1.

 

Desde luego que lo que sucedió esta tarde en Las Ardenas tiene muchas lecturas. Paul di Resta y Force India también brillaron de lo lindo. Los dos pilotos de INFINITI parecían doblegar, casi al último, a los diez mejores. Nico Rosberg trabajó muy bien. Lo insufrible del trazado semipermanente, endiablado, de Bélgica: que es una caja de sorpresas alucinantes por sus cambios de clima súbitos, con partes del trayecto en un modo y otras en el contrario. La importancia de la rendija que abre el oportunismo. La buena suerte. El último suspiro, que marca la factura de las epopeyas deportivas.

 

Todo eso y hasta más: se combinó para que Hamilton se alzara como el gran protagonista del día. Y lo consigue, con inmensidad. Está a la vista un gran corredor de todos los tiempos, guardadas las proporciones. De esos que no perdonan y aciertan de modo contundente a la hora buena. Lo demás, es francamente, lo de menos.

 

Ni duda quepa. Falta este domingo –imponiéndose en la prueba– para redondear de modo colosal la hazaña hoy soslayada. Y eso, está en chino, debe de reconocerse.

 

Haya la mejor suerte para los 22 cascos en liza.

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