¿El frío afecta el funcionamiento de mi coche?
POR: Pablo Monroy el Lun, 16 de Enero de 2023, 09:48 am
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Licenciado en Periodismo por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, fotógrafo automotríz y entusiasta de las cuatro ruedas. / IG: @elpablomonroy
En estos días las bajas temperaturas se han resentido en prácticamente todo el país, una condición meteorológica que, además de provocarnos algún resfriado si no nos protegemos adecuadamente, puede provocar afectaciones en nuestro automóvil, sobre todo si no anticipamos la durabilidad de algunos componentes que ya están a punto de dar de sí.
Uno de esos componentes que se ven principalmente afectados por el frío es la batería o acumulador, ya que todos los vehículos necesitan una para almacenar energía para ponerse en marcha.
Sin la electricidad suministrada no es posible la combustión con la que los coches producen la energía suficiente para moverse. Aunque los coches modernos son eficientes a nivel eléctrico, las baterías todavía tienen un periodo de vida útil, que generalmente suele mostrarse cuando bajan las temperaturas.
La electricidad procede de una reacción química. Aunque hay varios tipos de batería, actualmente las más comunes siguen siendo las de plomo-ácido, con dos placas (positiva y negativa) sumergidas en un electrolito compuesto por agua y ácido sulfúrico.
Las temperaturas extremas pueden hacer que la reacción en el interior de la batería se vea afectada. Por ejemplo, el calor extremo puede hacer que se evapore el agua del electrolito. Sin embargo, los signos de agotamiento más agudos de una batería de coche se muestran en invierno.
A temperaturas muy bajas la reacción química se retrasa, haciendo decaer su rendimiento y dando como resultado una inusual lentitud en la fase de arranque. También puede suceder que el motor no se mueva y sólo percibamos un chasquido repetitivo.
En el momento de arrancar el coche es cuando más energía se necesita. Arrancar un motor en frío, teniendo que mover todas las partes mecánicas con un aceite en estado más viscoso de lo normal, demanda más energía para girar, algo que se acentúa en los periodos de temperaturas más bajas, de modo que pon atención en esta pieza.
Otro de los componentes de nuestro auto que se ven afectados por el frío son los neumáticos. Las llantas están hechas de caucho, un material sensible a las temperaturas extremas. Cuando hace frío y los termómetros registran temperaturas inferiores a los diez grados, la elasticidad de la goma se reduce y esto acelera su deterioro, reduciendo su flexibilidad, limitando su amortiguación y menguando su capacidad de adherencia.
No es la única consecuencia del frío en las ruedas del coche. Cuanta más baja sea la temperatura, más presión perderá debido a la contracción de las partículas: por cada cinco grados de reducción, la presión caerá 0.07 bares. Por esta razón, vigilar esta cifra es clave ya que circular con los neumáticos desinflados aumenta la distancia de frenado, el agarre en las curvas disminuye, la resistencia a la rodadura aumenta y el consumo de combustible crece aproximadamente un 2%.
De modo que antes de ponerte en marcha echa un vistazo para comprobar el estado de las ruedas y verificar que no hay bultos o grietas, que pueden provocar un reventón mientras estamos circulando.
La presión no debe estar ni por encima ni por debajo de lo marcado por el fabricante. Eso sí, en invierno es aconsejable que sea algo más alta debido a que, como hemos explicado antes, las bajas temperaturas desinflan los neumáticos con más facilidad.
Finalmente, el frío también afecta directamente al motor. Tras una fría noche, al arrancar el propulsor del coche hay que tener en cuenta que no podemos exigirle prácticamente nada, más allá de que se mantenga girando.
En el momento antes de arrancar, además, todo el aceite del motor se encuentra en reposo en el cárter. Hay que dejar que la bomba de aceite succione el lubricante y lo reparta por todo el motor. Además de la propia función de lubricación, el aceite tiene propiedades limpiadoras para eliminar las partículas que pueden dañar las piezas internas y también se encarga de refrigerar el motor y repartir uniformemente la temperatura.
A temperaturas muy bajas, todos los líquidos se vuelven más densos, es decir, los aceites utilizados ya sea para lubricar el motor o la transmisión, o los líquidos hidráulicos de la dirección o de los frenos, difícilmente estarán a su temperatura de trabajo óptima cuando el coche está frío.
Por eso, para zonas de temperaturas muy bajas es aconsejable utilizar en el motor un aceite de motor multigrado que mantenga su fluidez en invierno. Y para saber si estamos ante el aceite correcto debemos saber leer el código que lo identifica.
Debemos tratar a la mecánica con guantes de seda para no forzar un desgaste prematuro. No es necesario dejar que el motor se caliente a bajas revoluciones. Con dejar pasar unos segundos para abrocharnos el cinturón es suficiente. Lo que sí debemos tener en cuenta es que al emprender la marcha tenemos que ser suaves usando el acelerador.
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