De México a Toronto en bicicleta

POR: Los Editores el Mar, 30 de Abril de 2013, 10:15 am

Arturo y Gustavo Martínez recorrieron cinco mil 600 kilómetros en 1956, del DF a Toronto, en bicicleta. 53 años después, los hermanos repiten el camino que cambió sus vidas. Foto: Especial
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El 30 de abril de 1956 dos hermanos, Arturo y Gustavo Martínez McNaught, salen de la Ciudad de México equipados con dos bicicletas usadas, mil 200 pesos, siete kilos de equipaje y el deseo de cruzar parte del continente a dos ruedas. 82 días, cinco mil 600 kilómetros y 14 llantas después llegan a Toronto, Canadá. Son los primeros mexicanos en lograr la hazaña.

 

Más de medio siglo después, Arturo y Gustavo -ya entrados en su séptima década- vuelven a recorrer ese mismo camino acompañados de un pequeño equipo de filmación. El objetivo es simple: ver qué ha cambiado en el paisaje y en ellos mismos.

 

 

I

 

Arturo cuenta el inicio de esta aventura. Nos remonta todavía cinco años atrás del primer viaje (1951) cuando un francés llamado Henri Bonnefoi se hace presidente del Club de Leones en Pachuca y su primera acción es invitar a 80 hidalguenses a realizar un extraordinario viaje hacia Toronto, en bicicleta.

 

“El viaje se fue posponiendo por falta de apoyo y otros trámites, la gente fue abandonando el proyecto y el sueño parecía esfumarse. Sólo quedamos mi hermano Gustavo y yo, éramos unos jóvenes de 22 y 25 años. Yo me acababa de recibir de ingeniero electricista en la ESIME y Gustavo no había terminado la secundaria. Entonces, en 1956, el francés nos dijo que nosotros hiciéramos el viaje”.

 

Arturo consiguió una bicicleta italiana, usada. Gustavo armó la suya con cuerpos de varias bicicletas también gastadas. Un viejo mapa, mil 200 pesos recolectados entre familiares y amigos y las ganas de conocer tierras extrañas llevaron a estos hidalguenses a tomar la vieja carretera rumbo a Laredo. “La ignorancia nos hizo aventurarnos, pues no sabíamos qué tan largo era el trayecto y mucho menos lo que nos esperaba”.

 

Arturo y Gustavo trazan una línea en un viejo mapa: DF-Pachuca-San Luis Potosí-Ciudad Victoria-Monterrey-Nuevo Laredo... Arturo lleva un diario en el que escribe el viaje y las anécdotas. “Como aquella curva en la que me salí de la carretera y terminé de cabeza en un banco de arena. Iba de bajada y a unos 70 kilómetros por hora”.

 

San Antonio-Austin-Dallas-Little Rock, ST. Louis-Chicago-Detroit... comienzan a aparecer los hermanos Martínez en algunos diarios gringos: “Dos locos vienen desde México en bicicleta”. Los policías les piden sus documentos y la foto del recuerdo. Los paisanos los invitan a comer y a dormir en sus casas. “En Chicago, en un cine, nos presentaron en el intermedio y se pasó un sombrero para recolectar dinero. Ya no traíamos ni un quinto”.

 

Arturo escribe y escribe en su diario, sin saber siquiera que la gran historia de sus vidas aún no aparecía en aquellas pequeñas y gastadas hojas de papel. Niagara Falls-Toronto. Por fin, después de 82 días y cinco mil 600 kilómetros recorridos, los hermanos Martínez llegan a tierra prometida. Había que descansar y darse tiempo para mandar un telegrama al francés Bonnefoi. No sabían que su amigo había muerto. Tampoco supieron quién se robó sus bicicletas.

 

II

 

30 de abril de 2009. Gustavo tiene 75 años de edad. Han pasado 53 años de aquella aventura y la nostalgia invade sus pensamientos tras encontrarse con Arturo, de 78, en pos de volver a realizar aquel viaje que cambió sus destinos. Otra vez frente a un mapa, recordando cada pueblo visitado y trazando una vez más las carreteras que los han de llevar a Toronto.

 

“Sabe, mi sobrina Andrea (hija de Arturo) es cineasta y nos invitó a realizar de nuevo el viaje a Toronto para un documental. Esta vez lo haríamos en una camioneta, pero con algunos trayectos en bicicleta. Además llevaríamos GPS y celular (jaja) con esto no nos hubiéramos perdido como en aquellos años”.

 

Gustavo dice que en Toronto encontró su vida, el amor de Hilary, los estudios en la Universidad de Toronto, la residencia canadiense, hijos y nietos. “Yo creo en el destino, ¿de qué otra manera me explico que tuviera que viajar hasta Toronto para conocer a la que sería mi mujer, quien a su vez las circunstancias la llevaron a mudarse de Sudáfrica a Canadá?”

 

Gustavo se quedó a vivir en Toronto, donde se recibió de ingeniero mecánico y vive bien. Arturo vivió con Margaret un matrimonio efímero y una luna de miel trágica. Un accidente en carretera los separó para siempre. Años después conoció a Janet y de ese amor nacieron sus tres hijas. Una de ellas es Andrea, la que se aventuró a hacer un documental de aquellos mexicanos que viajaron del DF a Toronto.

 

“Arturo vivió acá, en Toronto, unos 20 años. Luego, una empresa estadunidense lo contrató para trabajar en México y después unos 10 años en Estados Unidos. Al final se regresó a trabajar a México, se jubiló y se quedó a vivir en Jiutepec, Morelos.”

 

Para el documental se reconstruyeron dos bicis parecidas a aquellas viejas bicicletas. Los hermanos Martínez repitieron un viaje, en cinco semanas, en el que descubrieron que el mundo también cambia, como la vida misma.

 

“Nos dimos cuenta que algunos edificios desaparecieron, encontramos pueblos fantasmas a los que se los chupó la bruja. Algunas carreteras desaparecieron, otras se hicieron más anchas. Mírame, yo también he cambiado. Se me han olvidado muchas cosas, Arturo es el que se acuerda más y todavía conserva su viejo diario.”

 

De lo que sí se acuerda Gustavo es cuando su hermano Arturo le habló de un francés y de un viaje extraordinario hasta Toronto. “Yo le dije que estaba loco, aunque en otras palabras. Terminamos siendo dos los locos que hicimos ese viaje”.

 

Cuando hicieron el viaje, en 1956, se miraban pocos ciclistas pedaleando en las carreteras mexicanas. “Ahora que visité el Distrito Federal para promocionar el documental, con asombro observé que los domingos hay miles de ciclistas sobre Reforma. Todo cambia”.

 

Sólo una cosa no cambió. En Toronto... les volvieron a robar sus bicicletas.

 

III

 

30 de abril de 2013. Han pasado 57 años de aquel viaje y le toca a Andrea Martínez, hija de Arturo, contar su parte: “La de mi papá y mi tío es una historia con la que yo crecí. De hecho, gracias a esta aventura es que yo nací. Mi papá nos contaba cómo es que llegó a Toronto y conoció a mi mamá, nos mostraba los recortes y repetía el viaje en el recuerdo, cuantas veces salía el tema en la plática”.

 

Andrea nació en Toronto, al igual que sus dos hermanas. Sólo que ella se vino a México a estudiar cine. “La historia de aquella aventura me estaba esperando. Un día les propuse a mi papá y mi tío hacer un documental sobre la historia que tantas veces nos contaron. Había que realizar de nuevo la ruta, retomar el viaje, pueblo por pueblo y carretera por carretera”.

 

Arturo y Gustavo se volvieron a animar con la idea, de nuevo trazar el trayecto en el mapa y viajar en un grupo de 18 personas para filmar el documental. “Buscamos apoyo y grabamos la historia en cinco semanas, desde el Distrito Federal hasta Toronto. Tardé tres años en editar el documental. Al final apareció el filme llamado Ciclo, el que actualmente está en algunos cines de México y Canadá”.

 

Dice Andrea que la película trata de tres viajes: “El trayecto en bici en 1956, el viaje 53 años después y el viaje de la vida. Vamos descubriendo partes dolorosas, pérdidas y tristezas. Entre ellas la historia de una madre que va perdiendo la memoria y la muerte accidental de la primera mujer de mi padre”.

 

Actualmente, Arturo tiene 85 años de edad y Gustavo 82. “Mi tío Gustavo viene a México cada año”. Y cada vez que se juntan, los hermanos Martínez vuelven a recordar su historia.

Aclaración:
El contenido mostrado es responsabilidad del autor y refleja su punto de vista, mas no la ideología de jediteam.mx

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