Los secretos detrás de un volante de Fórmula 1
POR: Luis Ramírez el Vie, 09 de Octubre de 2015, 01:49 pm
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Apasionado del deporte motor y de la fotografía. Reportero de atracción y comentarista de carreras. Los coches son increíbles pero solo cuando están en competencia.
Remontémonos a los primeros años del deporte motor. Ni siquiera de la Fórmula 1, sino a la primera carrera del mundo en 1895 en Francia, los automóviles carecían de telemetría y de motores turbocargados, ni pensar siquiera en una computadora en el volante; la única misión de esta pieza era darle una dirección al vehículo.
Demos un salto en el tiempo, hasta la década de los setenta y ya en el Gran Circo. El volante seguía con una forma redonda y ya con botones a su alrededor para comunicaciones de radio y limitación de revoluciones por minuto.
Todo eso luce obsoleto ante el volante que hoy en día encontramos en los monoplazas de la Fórmula 1. Su misión ya no sólo es darle dirección a los neumáticos; en un centro de control desde donde los pilotos pueden administrar cientos de parámetros en diversos momentos de la competencia en muy pocos segundos.

Ilustración: Carlos Moreno
Lo primero que encontramos distinto, en comparación al de un auto de producción en serie, es la forma, ahora más rectangular. Tal vez tengan la duda de si completa el radio de giro a pesar de sus pequeñas dimensiones.
La realidad es que un volante de la máxima categoría apenas necesita un ligero movimiento para direccionar los neumáticos en el sentido que deseamos. Junto a ello, la llegada de las transmisiones semiautomáticas le otorgó otra relevancia, por la colocación de las paletas traseras para el cambio de velocidad.
Esta pieza con un costo de 30 mil euros por unidad, está conectado a una central electrónica para la administración de los sistemas de recuperación de energía, el alerón móvil DRS, así como ajustes del pedal de freno o de aceleración entre otros.
Pero todo esto es posible gracias a la conexión Snap-on que se une a la rueda de la columna de dirección y permite una comunicación electrónica entre ambas partes. Así es el secreto de un volante de Fórmula 1.
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